México después del petróleo

A lo largo de este sexenio hemos visto como México dilapido su riqueza y pasó de ser una “potencia exportadora de petróleo” a ser un país deficitario, lo que implica una enorme dependencia energética respecto al exterior, concretamente con los Estados Unidos.
 
De acuerdo con cifras del INEGI, en el año 2000 México registró un superávit de 8.151 mil millones de dólares (mmdd) en su balanza comercial de productos petroleros, para el año 2006 éste superávit había aumentado hasta los 19.380 mmdd y para el 2012 sumó 11.817 mmdd. Con la llegada de la presente administración del gobierno federal y el desplome de los precios internacionales del petróleo, todo cambio para mal y ya para el año 2015 registramos un déficit en la balanza comercial petrolera de 10.115 mmdd y en los primeros once meses de 2016 dicho déficit ya suma 11.196 mmdd.
 
Esta desfavorable evolución se debe principalmente a la falta de inversión en todos los rubros de Pemex, lo que ocasionó una caída en el valor de nuestras exportaciones de petróleo, al pasar éstas de 46.852 mmdd en 2012 a 18.524 mmdd en 2015 y disminuir hasta los 14.022 mmdd en los primeros once meses de 2016. Por su parte, y contrariamente a lo que se pudiera pensar, el valor de las importaciones de diésel disminuyeron de 6.170 mmdd en 2012 a 4.392 mmdd en 2015 a 3.474 mmdd en los primeros once meses de 2016; y lo mismo pasó con el valor de las importaciones de gasolina, las cuales pasaron de 17.960 mmdd en 2012 a 12.954 mmdd en 2015 a 10.012 mmdd en los primeros once meses de 2016.
 
Pero más allá de estas cifras, las preguntas que debemos hacernos son ¿Que le hicimos a los recursos obtenidos por los superávits comerciales en la balanza de productos petroleros, los cuales existieron hasta el año 2014? ¿Por qué a pesar de estas gigantescas entradas de divisas y recursos el país no se desarrolló, continúa con más de la mitad de su población en la pobreza y además tiene ahora  una empresa petrolera prácticamente quebrada? ¿Quién permitió que todo esto sucediera? ¿Por qué dejamos de invertir en la exploración de pozos petroleros y en aumentar las capacidades de nuestras refinerías?
 
La respuesta a estas preguntas sería larga y haría mención a temas como la excesiva carga fiscal a Pemex, problema extendido de corrupción en todas las áreas de la empresa petrolera, excesiva carga de un sindicato petrolero que se ha convertido en un lastre para el desarrollo nacional, un gobierno federal que no se preocupó por cobrar impuestos a las empresas que operan en la informalidad, entre otros tantos hechos que fueron mermando poco a poco a la empresa más grande del país.
 
En este sentido el presidente, Enrique Peña Nieto, declaró la semana pasada en alusión a la industria petrolera nacional que “La gallina de los huevos de oro se nos fue secando, se nos fue acabando y de ahí financiamos muchas cosas y cuando el precio del petróleo estaba alto el gobierno tenía excedentes, (y eso) se nos acabó”,  y agregó que “Se nos terminó el gran yacimiento. Cantarell llegó a producir dos millones 200 mil barriles de petróleo diarios, hace seis años. Hoy produce 200 mil, sólo eso”.
 
Dada esta situación, queda claro que ahora la gran apuesta del gobierno federal es a la inversión privada, nacional y extranjera, que invierta en exploración y desarrollo de nuevos pozos petroleros, y de cada barril de petróleo extraído cobrar una renta petrolera. Pemex está quebrado y ya no tiene dinero para invertir más, ya que en estos momentos no tiene para pagar a proveedores, ni sus pensiones y mucho menos los 100 mil millones de dólares de deuda que tiene registrada.
 
Toda esta situación nos pone en un gran estado de vulnerabilidad ya que con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, y las amenazas que ha hecho de poner aranceles (o un impuesto fronterizo) a las exportaciones mexicanas, aunado a la exigencia de que eventualmente paguemos por el muro que quiere construir, las cosas se complican bastante y él tendrá muchas formas de presionarnos para aceptar lo que quiera hacer con nosotros.  
 
¿Qué harán las autoridades mexicanas cuando Donald Trump, con tal de presionar que paguemos el muro, le prohíba a las refinerías estadounidenses venderle gasolina y diesel a México? Esto sin duda paralizaría al país por unos días, al menos en lo que encontramos otro país a quien comprarle los combustibles. Ya los consumidores en varios estados del país se dieron cuenta de lo que es que haya escasez de gasolina y diésel.
 
¿Qué pasará si  nos ponen un impuesto fronterizo a los productos hechos por empresas estadounidenses que producen en México, y nuestro país toma represalias aumentando aranceles a Estados Unidos y eso genera una guerra comercial que se traduzca en una disrupción de los flujos de productos petroleros de Estados Unidos hacía acá?  Queda claro que nos hemos puesto en una posición de suma vulnerabilidad habiendo seguido una estrategia que nos convirtió en país importador neto de este tipo de productos, por lo que las autoridades deberán ser sumamente cautelosas en sus negociaciones. .
 
Ahora, del mensaje del presidente Peña Nieto, podemos señalar que dada nuestra nueva circunstancia en la que se nos murió la “gallina de los huevos de oro”, pues es necesario impulsar otras actividades productivas que sean altamente generadoras de divisas, tal como lo hacen naciones como Japón o Alemania, las cuales no tienen petróleo, pero registran importantes superávits en sus balanzas comerciales. Y lo mismo pasa con China, país que no es autosuficiente en petróleo, pero que en el 2016 registró un superávit comercial de 486 mil millones de dólares, no obstante el complicado escenario internacional.
 
Pero esto es algo que las autoridades del gobierno federal, y concretamente los funcionarios de la Secretaría de Economía, parecen no entender ya que no obstante que tenemos el dólar más caro de nuestra historia, no hemos escuchado ninguna declaración por parte de ellos en el sentido de lanzar un agresivo plan de fomento a las exportaciones manufactureras diferentes a las automotrices.
 
Entre el enero de 2014 y el mismo mes de 2017 el dólar ha aumentado de 13.224 a 21.454 pesos, lo que representa una depreciación del peso de 38.4%. En ese mismo lapso los precios en México subieron en 8.9%, lo que evidencia que nos hemos vuelto muy baratos en términos de dólares (aunque Trump) nos quiera cobrar aranceles o impuestos fronterizos; pero repito, no hemos sabido aprovechar la competitividad que nos brinda esta coyuntura.
 
Y para acabar de complicar las cosas, y esto es algo que desde este espacio hemos dicho en reiteradas ocasiones, el caso de Proméxico es un verdadero desastre, ya que brilla por su ausencia. Esta dependencia, sectorizada con la Secretaría de Economía, ha estado envuelta en malos manejos administrativos y se le ha recortado el presupuesto en más de un 50% en lo que va del sexenio.
 
A manera de conclusión podemos señalar que ante los grandes retos que se presentan en este 2017, es momento que se implemente una política industrial y de fomento a las exportaciones que fortalezca la planta productiva nacional y compense el daño que nos ha causado el deterioro que ha sufrido la industria petrolera nacional. El gobierno federal también debe tener claro que en la medida en que la planta productiva se expanda, apoyada en el sector exportador, su recaudación de impuestos aumentará y habrá un menor deterioro en las finanzas públicas.
 
Director General GAEAP*

En manos del gobierno la economía está perdida

El pasado jueves 5 de enero, el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, en un mensaje a la nación trató de explicar las razones del “gasolinazo” que entró en vigor a partir del primer día de este año. Dijo, entre otras cosas que de no haber aumentado el precio de la gasolina se habría necesitado recortar programas sociales y de salud, ya que el “subsidio” a los combustibles este año tendría un costo para el erario de 200 mil millones de pesos de haberse mantenido.
 
Sería ocioso en este espacio repetir como nos pintó un panorama muy negro sobre los recortes que habría en programas de combate a la pobreza, en el Seguro Popular, Seguro Social, entre otros. Y nos preguntó “¿Qué hubieran hecho ustedes?”.
 
La realidad es que llegamos a esta crítica situación en las finanzas públicas debido a un pésimo manejo de las mismas. Entre diciembre de 2012 y noviembre de 2016 la deuda neta del sector público pasó de   5.352 a 9.306 billones de pesos, lo que representa un aumento de 3.954 billones de pesos; es decir,  un incremento nominal de 73.87%, lo que equivale a un incremento diario de 2.765 miles de millones de pesos por día.
 
Paralelamente, los ingresos presupuestarios totales del gobierno pasaron de 3.210 billones en el periodo de enero a noviembre de 2012 a 4.209 billones de pesos en los mismos meses de 2016, lo que representa un aumento nominal de 31.12%.  Por su parte, los ingresos tributarios pasaron de 1.198 billones de pesos en los primeros once meses de 2012 a 2.457 billones de pesos en los mismos meses de 2016, lo que implica un incremento de 105.1 por ciento.
 
De esta manera, queda más que claro que esta administración del gobierno federal es la que más recursos ha tenido en la historia, es la que más impuestos ha cobrado y paralelamente es la que más ha endeudado al país. ¿Y a cambio de qué? ¿En qué se fue todo ese dinero? Queda claro que no fue en cosas productivas y que un gigantesco porcentaje se fue en gasto corriente.
 
Resulta evidente también que el planteamiento de un “subsidio” a los combustibles por 200 mil millones de pesos, representa apenas el 5.05% de la deuda que ha contratado el sector público federal en lo que va del presente sexenio. Por lo que es obvio que el gobierno federal estiró tanto su capacidad de endeudamiento que ya le resulta imposible financiar más los “subsidios” a los combustibles.
 
Quiero señalar que escribo “subsidio” entre comillas, ya que en realidad no es un subsidio. Es decir, el gobierno federal nos habla de un subsidio, cuando en realidad sabemos que lo que el gobierno recauda por IEPS a la gasolina y al diésel es mayor a lo que dice que dejo de subsidiar. En otras palabras, tenemos que la recaudación por el IEPS a los combustibles en los primeros once meses de 2016 fue de 263.545 miles de millones de pesos, y en el 2017 se espera que sea de unos 300 mil millones de pesos. El gobierno federal debe aprender a expresarse con propiedad porque un subsidio es que te vendan algo por debajo de su precio de mercado, y en el caso de México lo que el gobierno “subsidiaba” era solo una parte de los impuestos que recauda. En pocas palabras, con todo y “subsidio” al gobierno le genera un remanente vendernos gasolina cara.
 
Otro aspecto que se debe destacar del mensaje de Peña Nieto del 5 de enero es que nos dijo que el aumento en los precios de las gasolinas se debe a que han aumentado los precios del petróleo a nivel internacional en cerca de un 60%. A este respecto se debe señalar que de acuerdo con el sitio de internet, gasbuddy.com, el precio promedio al menudeo de la gasolina en Estados Unidos pasó de 1.99 dólares por galón el 8 de enero de 2016 a 2.38 dólares por galón el 8 de enero de 2017, lo que al tipo de cambio vigente significa que el litro de gasolina en Estados Unidos pasó de 9.90 pesos a 14.08 pesos.  En el caso de México hemos visto como el precio de la gasolina Premium pasó de 13.98 pesos en enero de 2016 a 17.79 pesos en enero de 2017, lo que representa un aumento de 27.75%; sin embargo, siempre el precio de la gasolina en México ha estado por encima del precio en los Estados Unidos, lo que indica que aquí hay un tema de cobro de IEPS, al cual el gobierno no quiere renunciar por el caos de finanzas públicas que ha generado.
 
Habiendo hecho las anteriores aclaraciones y precisiones, ahora si es momento de responder la pregunta de ¿Qué hubieran hecho ustedes? Y a continuación señalo algunos puntos que son elementales y que hemos estado mencionando desde esta columna en múltiples ocasiones.
 
Un primer aspecto es el combate a la importación de mercancías en condiciones de subvaluación. Tenemos que por impuestos a la importación se recaudaron en los primeros once meses de 2016 un total de 46.022 miles de millones de pesos. En el mismo periodo las importaciones totales de mercancías por parte de México sumaron 353.860 miles de millones de dólares, que al tipo de cambio correspondiente a cada mes, representa un total de 6.560 billones de pesos. Esto significa que lo que se obtiene de impuestos a la importación representa apenas el 0.70% del valor total de las importaciones. Cantidad francamente ridícula, sobre todo si tomamos en consideración que nuestras importaciones provenientes de Asia (excluyendo Japón, nación con la que tenemos un tratado de libre comercio) sumaron 98.655 miles de millones de dólares en los primeros diez meses de 2016, equivalentes a 1.813 billones de pesos al tipo de cambio vigente en cada mes.
 
Desde luego que debido al amplio y extendido problema de contrabando y subvaluación, el valor de las importaciones arriba reportado está infravalorado, y entonces si el gobierno federal se decidiera a combatir este enorme flagelo que daña a la industria nacional se podrían obtener por impuestos a la importación al menos 100 mil millones de pesos adicionales de recaudación.
 
Otro aspecto que se puede atender para mejorar las finanzas públicas sin “gasolinazos” disfrazados de quitar subsidios, sería que se detenga el problema de robo de combustibles a Pemex. Como lo comentaba en la entrega de la semana pasada, se estima que este delito le ocasiona a Pemex un daño patrimonial de al menos 21 mil millones de pesos al año. Y si aunado a lo anterior, se pusiera freno a la corrupción que está extendida en prácticamente todas las operaciones y negocios de Pemex, pues las cuentas de la empresa productiva del estado mejorarían considerablemente.
 
Desde luego que otro aspecto a atender, tal como lo han señalado los líderes empresariales a nivel nacional, es el del freno al crecimiento desmedido del gasto corriente por parte del sector público. En el periodo de enero a noviembre de 2012 el sector público destinó a gasto corriente 2.092 billones de pesos y en los mismos meses de 2016 se fueron a este rubro 2.623 billones de pesos, lo que representa un incremento nominal de 25.4 por ciento. Esto parecería poca cosa, pero en términos monetarios implica que tomando como base el gasto corriente de 2012, el gasto corriente adicional en el periodo de 2013 a 2016 suma 1.453 billones de pesos.   
 
Queda claro pues, que con este ritmo de crecimiento de gasto visto en lo que va del sexenio, jamás habrá recursos que alcancen y el gobierno federal siempre estará buscando como cobrar más impuestos, pero sin que esto se traduzca en un mayor gasto de inversión o gasto productivo. La evidencia muestra que el sector público mexicano es un “barril sin fondo” y no tiene disciplina en sus finanzas.  
 
A manera de conclusión podemos señalar que si el gobierno federal fuera una empresa privada estaría quebrada y ya hubieran despedido a su director financiero. Dado todo lo anterior, no debería sorprendernos lo que está sucediendo. El “gasolinazo” no es más que la respuesta simple del gobierno a un gran problema financiero que dejaron crecer de manera irresponsable.  No se vale que nos digan ahora que la problemática que enfrentamos se debe al alza del precio del petróleo, cuando todavía hace un año nos decían que los problemas se debían a que su precio había bajado.
 
México enfrentará este año muchos retos importantes y el pueblo está cansado de tantos abusos y promesas incumplidas. Los problemas que nos ocasionará Donald Trump cuando llegue a la presidencia de Estados Unidos serán inmensos, sobre todo si se da la deportación masiva de mexicanos que se encuentran de manera ilegal en el vecino del norte. Por su parte, las alzas previstas en la inflación  y en la tasa de interés presionarán aún más las finanzas públicas, y erosionarán el mercado interno y el escaso crecimiento económico que teníamos acrecentando los problemas sociales.
 
Es momento pues de exigirle al gobierno que actúe de manera responsable y deje de echarle la culpa a los acontecimientos externos, como si fueran los únicos responsables de lo que nos sucede. Deben admitir que se han equivocado en perjuicio de los mexicanos, y deben enmendar el rumbo en lo que queda del sexenio, pero deben hacerlo sacrificándose ellos, no golpeando más los bolsillos de los mexicanos.
 
Director General GAEAP*
Twitter: @alejandrogomezt

El peor momento para PEMEX

pemexLa empresa productiva del estado, PEMEX, tuvo en el 2016 uno de los peores años de su historia. Por un lado, tenemos que durante los primeros once meses de dicho año, su producción de petróleo crudo fue de 2.164 millones de barriles diarios en promedio, lo que significó una caída del 4% respecto al cierre del 2015. Por otra parte, la producción de gasolina tocó niveles históricos a la baja, ya que de enero a noviembre de 2016 se produjeron 332.9 miles de barriles diarios, lo que representa una caída de 12.7% respecto del mismo periodo del año 2015, cuando se produjeron 381.4 miles de barriles.
 
En el ámbito financiero las cosas están peor aún para PEMEX, ya que sus “pérdidas” acumuladas han hecho que su deuda llegue a casi los 100 mil millones de dólares, una cantidad claramente impagable que le ha valido que diversas agencias calificadoras pusieran su deuda con perspectiva negativa. Y para acabar de complicarle las cosas, la empresa ha reconocido que cada 24 horas el crimen organizado extrae ilegalmente unos 23.5 miles de barriles de hidrocarburos, lo que representa una pérdida anual de unos 21 mil millones de pesos.
 
En este contexto, y con el pretexto de que las gasolinas en México tengan “precios de mercado” para dejar de subsidiarlas, es que a partir del 1 de enero de 2017, los precios de los combustibles en México aumentaron de manera considerable. La gasolina Magna subió 14.2%, la Premium aumentó 20.1%, mientras que el diésel subió 16.5%, respecto al precio máximo observado en diciembre de 2016.
 
No cabe duda que estos ajustes en los precios de los combustibles tendrán un impacto importante en la inflación (y eventualmente en las tasas de interés), la cual se espera que llegue hasta un 5% hacía marzo o abril de este año. Con esto, quedará pulverizado el impacto positivo en el mercado interno que pudo haber tenido el reciente incremento al salario mínimo de 3.9%, así como de la mayoría de los aumentos de sueldos en el país.
 
Es importante también mencionar que el alza en los precios de las gasolinas se da después de un terrible cierre de año en materia de abastecimiento de éstas en diversos estados del país.  Los habitantes de entidades como Guanajuato, San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Jalisco, entre otros, sintieron lo que es no tener gasolina, no podían entender cómo es que esto pasa en un país “petrolero”, y lo más importante, demostraron que están dispuestos a pagar mucho más por la gasolina, pero con tal de que haya.
 
Dado todo lo anterior, Pemex ha estado en boca de muchos mexicanos a lo largo de todo el año, pero sobre todo en estos últimos días, y es por ello que es necesario hacer algunas reflexiones.
 
Respecto a los nuevos precios de las gasolinas, se nos ha dicho que esto es importante para eliminar las pérdidas de PEMEX. Según datos oficiales, entre enero y noviembre de 2016 se importaron 484 mil  barriles de gasolina al día, en promedio, lo cual supera en 15% el volumen comprado del exterior durante el mismo periodo de 2015. De esta manera, las importaciones representaron el 59% de las ventas del combustible en el país en este lapso, más del doble del porcentaje registrado en 2006, de 28 por ciento.
 
Cabe señalar que al momento de escribir estas líneas el precio de un galón de gasolina al menudeo en el estado de Texas, Estados Unidos, es de 2.135 dólares (ha estado aumentando recientemente), lo que a un tipo de cambio de 20.75 pesos por dólar nos da entonces un precio de 12.30 pesos por litro.  En México el precio máximo para la gasolina Magna en 2016 fue de 13.98 pesos. Con estos precios, ¿Entonces de donde salieron las pérdidas de PEMEX por vender gasolina?   
 
Pues salieron porque el Gobierno Federal nos cobró en 2016 un IEPS de 3.51 pesos por cada litro de gasolina Magna y de 2.71 pesos por cada litro de gasolina Premium que consumimos. Queda claro entonces que el “subsidio” que nos da PEMEX se debe al elevado impuesto que tiene que pagarle al gobierno federal.  En otras palabras, el gasolinazo del 1 de enero de 2017 se debe a los impuestos que se le cobran a PEMEX, ya que se pretende recaudar por IEPS unos 280 mil millones de pesos en 2017, y por el alza del dólar.
 
Otro aspecto que es necesario mencionar es el de los robos a PEMEX. Como se señaló líneas arriba, el robo diario de combustibles es de 23.5 miles de barriles, lo que representa unos 3.736 millones de litros por día. ¿Cómo es que toda esta cantidad de combustible es comercializado? Es imposible que sea en simples bidones en rancherías. Desde luego que debe haber una amplia red de distribuidores y de compradores en las ciudades, los cuales actúan con total impunidad.   
 
Si bien es cierto que en el actual sexenio PEMEX ha interpuesto 14 mil 938 denuncias penales por los robos de combustibles, la realidad es que no hemos visto a muchos detenidos ingresando a las prisiones por estos ilícitos. Y mucho menos hemos visto que se sancione a gasolineras o empresas transportistas por vender o comprar gasolina y diésel robados.
 
Esto no tiene lógica ya que ninguna empresa privada permitiría que le roben más de 21 mil millones de pesos de su producción al año y se quede de brazos cruzados ante los nulos resultados por parte de las autoridades que no atrapan a los delincuentes. Sin duda estamos presenciando un importante caso de corrupción que daña al erario público y es en parte causante del incremento en el precio de la gasolina que acabamos de sufrir.
 
A manera de conclusión podemos señalar que queda claro que nuestros gobernantes son tan malos en lo que hacen que acabaron quebrando un monopolio que produce productos de primera necesidad. ¿Cómo es esto posible? Pues sin duda la extendida corrupción es el principal elemento; además de que el sindicato de PEMEX lleva varios años siendo un lastre para la modernización de la empresa petrolera.
 
Por su parte, dada la frágil situación de las finanzas públicas del gobierno federal se ve muy complicado que logre disminuirse el IEPS a los combustibles, por lo que la única forma de que puedan disminuir los precios de las gasolinas será si baja considerablemente el precio del dólar o bien si disminuye el precio del petróleo. Sin embargo, dados los problemas que se espera que nos cause Donald Trump este año, se ve difícil que el dólar disminuya por debajo de los 20 pesos.
 
Por su parte, la expectativa de un mayor crecimiento económico en Estados Unidos hará que el precio del petróleo se ubique en hasta unos 60 dólares por barril (en el escenario más optimista), lo cual hará que el precio internacional de la gasolina suba aún más. Esto hace prever que en 2017 sólo veremos aumentos en el precio de las gasolinas, tal vez PEMEX mejore sus finanzas y el gobierno tendrá más ingresos por la venta de los combustibles. Se puede prever entonces que todos ganarán, menos el pueblo mexicano.  
 
Director General GAEAP