¿Se equivocó el Banxico?

El pasado jueves 9 de febrero, tal como lo anticipaban los mercados, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió volver a aumentar su tasa de interés objetivo en medio punto porcentual para llevarla a 6.25%, su nivel más alto desde abril de 2009.  Este anuncio se dio después de que el INEGI informará que la inflación anualizada en enero de este año fue de 4.72%, su nivel más alto desde 2012.
 
La razón oficial que dio el Banxico para el incremento en la tasa fue: “con el objeto de evitar contagios al proceso de formación de precios en la economía, anclar las expectativas de inflación y reforzar la contribución de la política monetaria al proceso de convergencia de la inflación a su meta”.
 
Con este ya se acumulan siete incrementos consecutivos en la tasa objetivo desde que el Banxico inició con su ciclo alcista. El primer aumento se dio en diciembre de 2015 y fue de 0.25 puntos porcentuales; luego en 2016 se dieron cinco aumentos, cada uno de medio punto porcentual, en febrero, junio, septiembre, noviembre y diciembre; y a esto le sumamos el de febrero de 2017 de otro medio porcentual, de manera que en 14 meses la tasa objetivo del Banxico pasó de 3.0% a 6.25 por ciento.  
 
La decisión de haber vuelto a subir la tasa el pasado jueves ha dividido la opinión de los analistas. Para muchos fue un acierto porque pudiera ayudar a frenar la caída del peso y de esa manera se frenan parte de las presiones inflacionarias ocasionadas por el aumento de precios de insumos para la producción importados. Sin embargo, para otros esta decisión fue equivocada ya que no importa qué tanto más suban la tasa de interés en México, porque la suerte del peso depende más de las declaraciones del presidente Donald Trump, las decisiones de política monetaria que tome el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), y de la evolución de los precios de los bienes y servicios administrados por el gobierno mexicano, como son la electricidad y los combustibles.
 
El tema de las tasas de interés es muy importante porque efectivamente hacen más atractivo invertir en México, lo que pudiera evitar la fuga de capitales; pero por otra parte, implica mayores costos financieros para las familias, empresas y gobiernos, lo que a su vez provoca menores recursos para el gasto de inversión y consumo, así como menor crecimiento económico.
 
Es importante recordar que en diciembre de 2015 la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE) a 28 días se ubicaba en torno al 3.35%, mientras que ahora se encuentra en 6.5850%, lo que representa un aumento de casi un 100% en el periodo señalado. Esta evolución es relevante porque la enorme mayoría de los créditos a tasa variable están referenciados precisamente a esta tasa.
 
De esta manera, hemos visto como la tasa de interés que cobran muchas tarjetas de crédito ha aumentado, y en algunos casos hasta en más de 6 puntos porcentuales, lo cual ocurre en perjuicio de las familias, ya que ahora tendrán que destinar más recursos para pagar sus créditos y tendrán menos dinero para adquirir otros bienes y servicios.
 
De igual manera, hemos visto como el crédito para las empresas se ha encarecido en los últimos meses, lo que limita las posibilidades de inversión de éstas y por lo tanto su crecimiento. En este contexto, no debería sorprendernos que en los primeros once meses de 2016 la inversión fija bruta total presentó un incremento mensual promedio de apenas 0.4%, siendo que en los primeros once meses de 2015 fue de 4.7%. Si analizamos el detalle de la información vemos que la inversión fija bruta en construcción presenta una caída de 0.1% en los primeros once meses de 2016, mientras que la destinada a maquinaria y equipo apenas creció 1.3% en el mismo periodo.
 
Es verdad que la inversión  depende de otros factores, tales como las expectativas de los empresarios y los ingresos esperados de los proyectos de inversión, pero no podemos ignorar que el alza en las tasas de interés ya ha comenzado a debilitar la evolución de este indicador, el cual es un termómetro respecto de la evolución futura de la economía.
 
Para el caso del gobierno federal el alza en las tasas de interés también es un problema. En diciembre de 2015 la tasa de los Cetes a 28 días promedió 3.14%, mientras que en enero de 2017 fue de 5.83%, lo que implica un alza de 85.7%. Por su parte, los Cetes a 364 días pasaron de 3.68% en diciembre de 2015 a 6.68% en enero de 2017, lo que representa un aumento de 81.5% en el costo financiero de estos instrumentos.
 
Este punto es fundamental también porque el Presupuesto de Egresos 2017 fue hecho en base a un supuesto de tasa de interés promedio de 4.9% y en base a esto la Secretaria de Hacienda y Crédito Público presupuestó un pago de intereses sobre la deuda pública de 568.198 miles de millones de pesos (mmdp). Dado lo anterior, y que el supuesto de tasa de interés del gobierno federal estuvo mal desde el principio (seguro sólo para cuadrar sus números aunque a la hora de la hora no se cumplan), es que se espera que el costo financiero para el sector público federal este año sea de aproximadamente unos 700 mmdp.
 
Esto provocará que el nivel de endeudamiento público de este año sea mayor del que se tiene “autorizado” de 768 mmdp, o bien que se tengan que realizar recortes adicionales al presupuesto de egresos del sector público federal.
 
A este respecto vale la pena hacer la reflexión de que cuando se presentaron los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) 2017, era evidente que la estimación de tasa de interés promedio para 2017 estaba mal (y esto es algo que advertí desde este espacio en un editorial titulado “Un Paquete Económico descuadrado” publicado el 21 de noviembre de 2016), y ahora no cabe duda de que el sector público federal tiene un problema y no cumplirá su meta de déficit fiscal y le agregaran este año otro billón de pesos al saldo de la deuda neta del sector público, la cual ya suma 9.693 billones de pesos al cierre de diciembre de 2016.
 
¿Pero se sanciona a alguien por no cumplir las metas presupuestales? La realidad es que no; y de hecho no debemos olvidar que el gasto público total del 2016 excedió lo autorizado por el Presupuesto de Egresos de ese año en 12%, cifra equivalente a 579.884 mmdp, recursos que fueron financiados con deuda pública y esa es parte de la razón por la que ésta creció en 1.2 billones de pesos el año pasado, a pesar de los “recortes” al gasto público que en su momento fueron anunciados con bombo y platillo como un acto de responsabilidad del gobierno federal.
 
A manera de conclusión podemos señalar que el alza en las tasas de interés mete a familias, empresas y gobierno en problemas por los mayores costos financieros que ocasiona, disminuyendo el consumo y la inversión. ¿Será efectiva esta medida para frenar la inflación? Lo más probable es que no sirva de mucho ya que mientras los combustibles y la electricidad sigan aumentando (por el problema fiscal del gobierno federal), aunque se estabilice el dólar seguiremos con una inflación por encima del 4.5%, y  con el problema adicional de un menor crecimiento económico causado por la astringencia monetaria del Banxico.
 
Ante diversas críticas Carstens ya dijo que han sido “cautelosos” con el alza en tasas, pero todo indica que no ha sido así, y que no les importa frenar el ritmo de crecimiento económico y de creación de empleos, con tal de demostrar que están haciendo su trabajo, aunque los resultados deseados no se alcancen.   
 
Director General GAEAP*
@alejandrogomezt

Si no aumenta la productividad, no mejorarán los empleos

No obstante que el Producto Interno Bruto (PIB) de México ha crecido a una tasa promedio de 2.1% en lo que va del actual sexenio federal, esto no ha servido para mejorar los niveles de ingreso promedio de la población ocupada, sino por el contrario, éstos se han deteriorado de manera significativa, tal como se puede apreciar con los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondiente al cuarto trimestre de 2016, y publicada el pasado 14 de febrero.
 
De acuerdo con la ENOE, en el comparativo del cuarto trimestre de 2016 respecto al mismo trimestre de 2012, la población ocupada total en México aumentó de 48.822 a 52.123 millones de personas, lo que implicó 3.301 millones de personas más, equivalente a 6.76% de crecimiento en los cuatro años, o bien, un incremento promedio de 1.6% por año.
 
De manera paralela, en el periodo de diciembre de 2012 al mismo mes de 2016 el número de trabajadores registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) pasó de 16.062 millones a 18.699 millones, lo que representa un incremento de 2.637 millones, equivalente a 16.4 por ciento. Esto significa de manera general que el crecimiento en el empleo formal en el periodo fue equivalente al 80% del incremento de la población  ocupada en nuestro país.
 
Es así que los trabajadores registrados en el IMSS pasaron de representar el 32.9% de la población ocupada total en diciembre de 2012 a 35.9% en el mismo mes de 2016, datos indicativos de que se ha avanzado ligeramente en cuanto a disminuir la informalidad en el país. Sin embargo, no obstante esta mejoría marginal en la calidad del empleo promedio, el nivel de ingresos de la población ocupada ha venido deteriorándose, tal como veremos a continuación:
 
De acuerdo con datos de la ENOE, en el comparativo del cuarto trimestre de 2016 respecto al mismo trimestre de 2012, la población que gana hasta menos de un salario mínimo creció 16.9% al pasar de 6.368 a 7.447 millones, lo que implica 1.078 millones de personas adicionales trabajando en esta desafortunada condición.  Por su parte, en el mismo periodo, la población ocupada que gana entre 1 y 2 salarios mínimos creció 20.7% al pasar de 11.244 a 13.576 millones de personas, lo que equivale a 2.332 millones de personas adicionales en este nivel de ingreso.
 
Ahora, en cuanto a la población  ocupada que gana entre 2 y 3 salarios mínimos, ésta creció apenas 4.7% al pasar de 10.730 a 11.238 millones de personas, lo que equivale a 508 mil personas adicionales con este nivel de ingreso.
 
Lamentablemente, la población  ocupada en México que más gana es la que ha venido decreciendo  en proporción y en valores absolutos. En el periodo de referencia, tenemos que los que ganan de 3 a 5 salarios mínimos disminuyeron 7.1% al pasar de 7.408 a 6.881 millones de personas, lo que representa 526 mil personas menos en cuatro años. De igual manera, los que ganan más de 5 salarios mínimos disminuyeron 19.4% al pasar de 3.923 a 3.163 millones, equivalente a una reducción de 760 mil personas.
 
De esta manera, y de acuerdo a estimaciones propias, el ingreso promedio diario por persona ocupada pasó de 2.43 salarios mínimos en el cuarto trimestre de 2012 a 2.28 salarios mínimos en el cuarto trimestre de 2016.
 
Si tomamos en consideración que el salario mínimo en el cuarto trimestre de 2012 era de 62.33 pesos, mientras que en el cuarto trimestre de 2016 fue de 73.04 pesos, esto significa que el ingreso promedio de la población ocupada en México pasó de 151.66 pesos a 166.75 pesos diarios, lo que implica un incremento nominal de 9.9%. Sin embargo, si tomamos en consideración que la inflación entre diciembre de 2012 y el mismo mes de 2016 fue de 14.2%, pues vemos que en términos reales la población ocupada promedio en México ganaba en el cuarto trimestre de 2016 un 3.8% menos respecto a hace cuatro años.  
 
¿Dados estos datos porque el gobierno federal nos dice que uno de los motores de crecimiento económico ha sido el buen desempeño del mercado interno? Pues porque a pesar de que la gente ahora gana menos que antes en términos reales, el hecho de que la población ocupada haya aumentado de 48.822 a 52.123 millones de personas, implica que hay una mayor masa salarial disponible, la cual de hecho creció en aproximadamente 2.7% real en el periodo del cuarto trimestre de 2012 y el mismo trimestre de 2016.
 
Ahora, en cuanto a la evolución de la población ocupada por rama de actividad en el periodo del cuarto trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2016, tenemos que en la agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca ésta creció en 35,041; en la industria extractiva y de la electricidad disminuyó 55,179; en la industria manufacturera creció en 998,158; en la construcción se elevó en 774,206, en el comercio creció en 368,041; en restaurantes y servicios de alojamiento subió en 516,420; en transportes, comunicaciones, correo y almacenamiento subió en 278,490; en los servicios profesionales, financieros y corporativos       creció en 310,238; en los servicios sociales subió en 85,862; en servicios diversos aumentó en 197,494; mientras que en el gobierno y organismos internacionales disminuyó en 175,259 personas.
 
El hecho de que sólo el 29.9% del aumento en la población ocupada se haya dado en la industria manufacturera y que el 9.3% se haya dado en los servicios profesionales, financieros y corporativos, pudiera ser la razón por la cual ocurrió la disminución de los ingresos promedio de la población ocupada, ya que es bien sabido que los ingresos en la construcción, comercio, restaurantes y hoteles son más bajos que el promedio.
 
Otro aspecto que también pudiera explicar la disminución de los ingresos promedio de la población ocupada en México en el periodo del cuarto trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2016, es que 1.613 millones de los nuevos puestos de trabajo se dieron en empresas micro, 370 mil en pequeñas, 420 mil en medianas y solo 489 mil en empresas grandes.
 
Es bien sabido también que los sueldos y salarios que se pagan en las empresas micro, sobre todo aquellas que están en la economía informal, tienden a ser más bajos que los que se pagan en empresas de mayor tamaño; y en este sentido es relevante que en el cuarto trimestre de 2016 haya habido 20.648 millones de personas trabajando en empresas micro, lo que representa el 53.7% del total de los empleos generados por las empresas.
 
A manera de conclusión podemos señalar que para tener un mercado interno verdaderamente fuerte, que nos ayude a depender menos de las exportaciones como motor de crecimiento, es fundamental que los niveles salariales de la población aumenten. Para lograr esto sin ocasionar problemas inflacionarios es fundamental que haya aumentos en la productividad de los trabajadores, lo cual sólo puede darse mediante la capacitación de éstos o dotándolos de más y mejores bienes de capital (herramienta, maquinaria, equipo, entre otros).
 
Es por ello que reciente anuncio en el que se informó que se permite la deducción inmediata y al 100% de las compras de capital por parte de las empresas que tienen ingresos de hasta 100 millones de pesos fue algo muy positivo; sin embargo, el no permitir al 100% la deducibilidad de las prestaciones laborales (entre ellas la capacitación) se convierte en un obstáculo para el incremento de la productividad.
 
Los tres órdenes de gobierno, así como los dueños de las empresas, deben tener como la máxima prioridad el que se logren aumentos sostenidos de la productividad de los trabajadores. Esperemos en este sentido que a lo largo de este complicado año escuchemos más anuncios con medidas tendientes a este fin, sobre todo en beneficio de las microempresas, las cuales son las mayores creadoras de empleos en México.
 
Director General GAEAP*
@alejandrogomezt