Los costos para Estados Unidos si abandona el TLCAN

Hace apenas unos días, el 27 de abril, Donald Trump estaba listo para botar al cesto de la basura al Tratado de Libre Comercio de America del Norte (TLCAN), el cual lleva 23 años de existencia y está conformado por  México, Estados Unidos y Canadá. Las razones por las cuales Trump se retractó de lo que hubiera sido uno de sus más grandes errores como presidente de Estados Unidos, fueron las llamadas telefónicas sostenidas por la noche de ese día con sus homólogos Enrique Peña Nieto y Justin Trudeau, así como la avalancha de líderes y asesores del Congreso que hablaron con él, además de miembros de su gabinete que intervinieron para calmarlo. Gracias a esto ahora Trump dice que por ahora va a “renegociar”.  
 
De acuerdo con datos de la División de Indicadores Económicos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, en el año 2016 nuestro vecino del norte le exportó a Canadá mercancías por un valor de 266.827 miles de millones de dólares (mmdd) e importó desde dicha nación bienes por 278.067 mmdd. Por su parte, Estados Unidos le exportó a México bienes por 230.959 mmdd e importó productos desde México por 294.151 mmdd. Estas cifras dan cuenta de que el comercio exterior estadounidense con sus socios del TLCAN sumó en el año 2016 más de 1.070 billones de dólares (billones de los de 12 ceros).
 
Ante este monto de intercambio comercial, que inclusive supera el valor del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano, hubiese sido muy negativo para la región norte americana el que Donald Trump hubiera concretado el envío de la carta de notificación de que Estados Unidos desea salirse del TLCAN.
 
Es por ello que de acuerdo a notas publicadas por CNNMoney y Time, políticos como el senador John Cornyn del Estado de Texas han dicho de manera contundente que “no hace falta decir que el libre comercio ha sido una piedra angular en la economía de Texas”. Por su parte, el influyente senador John McCain y el senador Jeff Flake de Arizona, así como el influyente Lindsey Graham de Carolina del Sur, le han advertido a Trump sobre los riesgos de retirarse del acuerdo. McCain dijo que tal acción sería “vergonzosa y desastrosa”, mientras que Flake dijo que un retiro de Estados Unidos sería dañino para su estado y para el país en su conjunto.
 
Alguien pudiera pensar que no deberíamos preocuparnos demasiado por las posibles intensiones de Trump de retirar a su país del TLCAN ya que existen los contrapesos necesarios en el Congreso de su país para frenarlo. Pero el problema es que los presidentes de Estados Unidos si tienen el poder para sacar a su país unilateralmente de cualquier acuerdo comercial sin necesidad de aprobación de su Congreso. En el caso del TLCAN existe el artículo 2205 que establece que cualquier país puede retirarse del tratado sólo avisando por escrito con seis meses de anticipación.
 
Dada la relativa facilidad con la que Estados Unidos podría retirarse del TLCAN un día que Donald Trump amanezca de malas y se deje influenciar por Steve Bannon, estratega en jefe de la Casa Blanca y consejero del presidente, así como por Peter Navarro, asistente del presidente y Director del Consejo Comercial de la Casa Blanca, es que existe tanta preocupación, sobre todo de gobernadores y senadores republicanos de estados que en la elección de noviembre de 2016 le dieron el triunfo a Donald Trump.
 
Entre estos estados se encuentra Texas, que es el más más dependiente del TLCAN y además es un bastión del Partido Republicano desde 1980, ya que ningún candidato presidencial del Partido Demócrata ha ganado Texas desde dicho año. 
 
Pero Texas no está sólo en su lucha por preservar el TLCAN, ya que 7 de los 10 estados que más dependen de las exportaciones a México y Canadá votaron por Trump, lo que subraya lo mucho que está en juego con este acuerdo, no sólo en el ámbito económico sino también el político. En otras palabras, la desaparición del TLCAN podría costarle al Partido Republicano perder la mayoría en el Congreso en las elecciones intermedias de noviembre de 2018.
 
En este contexto, es importante señalar que otra de las razones detrás del cambio de posición  de Trump respecto al TLCAN el pasado 27 de abril fueron los agricultores. El diario Washington Post reportó que ese día el Secretario de Agricultura de Estados Unidos, Sonny Perdue, entró a la oficina del presidente con un mapa que destacaba los lugares que serían  más afectados si el vecino del norte se retira del acuerdo. Perdue le hizo ver cuántos de estos votaron por Trump, y el presidente probablemente se quedó viendo fijamente a los estados de Ohio, Pensilvania y Michigan; los cuales le  aseguraron su victoria, y están entre los 10 principales que dependen del TLCAN.
 
A continuación se presenta la lista de los 10 principales estados de la Unión Americana que más exportaciones realizan a sus vecinos de Norteamérica en el marco del TLCAN:
 
1. Texas (votó por Trump)
2. California
3. Michigan (votó por Trump)
4. Ohio (votó por Trump)
5. Illinois
6. Indiana (votó por Trump)
7. Nueva York  
8. Pensilvania (votó por Trump)
9. Tennessee (votó por Trump)
10. Arizona (votó por Trump)
 
Desde luego que el monto de las exportaciones es una  manera de determinar cuáles estados tienen más que perder en caso de que el TLCAN desparezca; pero la otra manera de medir el impacto está en función de los empleos generados o que dependen de este acuerdo comercial. De acuerdo con la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, cerca de 14 millones de empleos están en juego tan sólo en nuestro vecino del norte.
 
Los 10 principales estados con dependencia de empleos en el TLCAN son:
 
1. California (575,190 empleos)
2. Texas (387,067 empleos. Votó por Trump)
3. Nueva York (318,169 empleos)
4. Florida (285,754. Votó por Trump)
5. Illinois (211,377 empleos)
6. Pensilvania (206,209 empleos. Votó por Trump)
7. Ohio (187,968 empleos. Votó por Trump)
8. Georgia (155,397. Votó por Trump)
9. Carolina del Norte (152,422 empleos. Votó por Trump)
10. Michigan (146,985 empleos. Votó por Trump)
 
Habiendo dejado en claro el costo que tendría para Estados Unidos el retirarse del TLCAN, es importante aclarar que hay una enorme diferencia entre desaparecer este acuerdo y renegociarlo. En México el gobierno federal y la comunidad empresarial reconocen que es fundamental modernizar el tratado dotándolo de nuevos capítulos en materia de energía y comercio electrónico. Además de que se deben actualizar temas como la resolución de controversias y cuestiones de tipo laboral y ambiental. Otro aspecto son los cambios en las reglas de origen (aquellas que establecen el porcentaje de contenido regional que le da “origen” a una mercancía para que pueda tener tratamiento preferencial) para cerrarle la puerta a China y fortalecer la industria manufacturera de Norteamérica.
 
En Estados Unidos coinciden con esta visión sobre la necesidad de modernizar el TLCAN. De acuerdo con CNNMoney, quien ha entrevistado a los senadores republicanos de aquellos estados que tienen más que perder ante la posible desaparición del TLCAN, la mayoría dicen que ellos apoyan la “modernización” del  TLCAN, pero le han advertido a la administración Trump que esta renegociación no debe implicar el establecimiento de barreras comerciales entre los países miembros. 
 
Para concluir solo agregaría que se debe reconocer que la posición del gobierno mexicano ante la posible renegociación del tratado, o bien, la posible salida de Estados Unidos, ha sido digna y fuerte. En este sentido se deben apoyar los tres ejes rectores que se han establecido: 1. Si Estados Unidos envía la notificación a México de que saldrá del TLCAN no habrá ninguna negociación paralela de otro acuerdo comercial, 2. Canadá debe estar en la mesa de la negociación, y 3. Estamos en contra de la imposición de aranceles, cupos o cualquier otro elemento de comercio administrado entre las tres naciones que conforman el TLCAN. Estaremos atentos entonces a lo que suceda durante este mes, en el cual se espera que las cosas se normalicen cuando el Congreso de Estados Unidos reciba la notificación formal del deseo de renegociar el TLCAN.
 
Director General GAEAP*
En twitter: @alejandrogomezt 

El mercado interno se desinfla

En las últimas semanas hemos leído y escuchado varias notas respecto al “buen” desempeño general que está tendiendo la economía mexicana en los primeros meses de 2017.  Esto ha provocado que algunos analistas y grupos financieros comiencen a revisar al alza sus pronósticos de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para este año.
 
Ejemplos de esto los vemos con el Grupo Financiero Santander, que recién revisó su estimado de crecimiento del PIB para 2017 de 1.7% a 2.2%; y también está JP Morgan, el banco de inversión estadounidense, que revisó al alza su pronóstico para este año de 1.3% a 2%. Cabe señalar que de acuerdo con la “Encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado” del mes de marzo, los consultados estimaron un crecimiento del PIB para 2017 de 1.5%, pero es casi un hecho que en la encuesta de abril se mostrará una revisión al alza.
 
¿Cómo puede haber este optimismo en un contexto de elevada inflación y alza en las tasas de interés?  Pues en buena medida se explica por el desempeño de nuestras exportaciones y a un menor riesgo percibido de que haya una ruptura unilateral del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En este sentido, tenemos que de acuerdo con cifras del INEGI, en el primer bimestre de este año las ventas de México al exterior presentan un aumento de 9.5%, al haber pasado de 53.654 miles de millones de dólares (mmdd) a 58.761 mmdd, el nivel más alto de exportaciones registrado para un primer bimestre del año en la historia.
 
Aquí lo preocupante es que el mercado interno se nos está desacelerando y nuevamente ponemos en el sector externo la esperanza de que este año logremos el muy necesario crecimiento económico. Una muestra de lo anterior es que de acuerdo con cifras de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), en el primer trimestre de este año las ventas a “tiendas iguales” crecieron apenas 3.6% anualizado, siendo que en el primer trimestre de 2016 éstas registraron un aumento de 7.9 por ciento, también en términos anuales.
 
Otro dato que confirma la desaceleración del mercado interno mexicano nos lo da el INEGI, organismo que hace poco publicó que con datos desestacionalizados, el consumo de los hogares medido a través del gasto en bienes nacionales e importados, bajó 0.6% en enero de 2017 respecto a diciembre pasado. Esto derivado de que el consumo de Bienes de origen importado bajó 1% y el de Bienes y Servicios de origen nacional, presentó una caída de 0.6 por ciento.
 
De verdad que será una pena que el principal motor de crecimiento económico en 2015 y 2016 (el mercado interno) se apague justo cuando empezamos a ver una recuperación de las exportaciones. Esto debido a que nuevamente, en lugar de crecer a tasas por arriba del 3.0%, tendremos un crecimiento mediocre que estará cercano al 1.5%, con independencia de lo que señalan los analistas mencionados líneas arriba.
 
Profundizando en la evolución del mercado interno, en GAEAP hicimos un análisis para medir que tanto ha crecido la masa salarial en el país en los últimos 11 años. Esto es, medimos que tanto ha aumentado o disminuido el volumen total de dinero que percibe la población ocupada en México; y encontramos que el incremento ha sido muy pobre, tal como se explica a continuación.
 
En 2005 el salario mínimo era de 45.24 pesos en promedio, la población ocupada ganaba en promedio 2.60 salarios mínimos por día y había 42.079 millones de personas trabajando; para el año 2016 el salario mínimo era de 73.04 pesos, la población ocupada ganaba en promedio 2.27 salarios mínimos y había 51.594 millones de personas trabajando. Esto implica que la masa salarial nominal anual debió haber pasado de 1.809 a 3.127 billones de pesos, lo que representa un aumento nominal de 72.8%; sin embargo, al tomar en cuenta que la inflación en el periodo fue de 52.5%, pues vemos que en términos reales la masa salarial anual creció apenas 13.3% en los últimos 11 años.  
 
Esto equivale a un crecimiento real promedio anual de 1.1%, tasa muy por debajo del 2.4% de crecimiento promedio del PIB en el mismo periodo, lo que sugiere que en promedio en la última década el principal motor de crecimiento económico de México fueron las exportaciones, el gasto público y la inversión productiva, pero no la gente comprando.
 
En lo que va del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, el crecimiento real de la masa salarial ha sido el siguiente: 0.8% en 2013, -1.7% en 2014, 3.8% en 2015 y de apenas 0.9% en 2016. Lo más preocupante es que todo parece indicar que en 2017 la masa salarial se estancará o crecerá marginalmente, ya que una inflación del orden del 5.5% o mayor como la que se prevé, pulverizará el incremento nominal del salario mínimo ocurrido el 1 de enero de este año, cuando éste pasó de 73.04 a 80.04 pesos diarios.
 
Es así que con las decisiones en materia fiscal que ocasionaron el “gasolinazo” de enero de este año y su posterior contaminación de los precios, que se debilitó el incipiente crecimiento del mercado interno, para volvernos nuevamente dependientes del desempeño económico de otras naciones, en especial de Estados Unidos, que en el arranque de este año, es el destino del 80.4% de nuestras ventas al exterior.
 
De hecho, esta afirmación del debilitamiento del mercado interno se puede confirmar al leer la más reciente minuta de la reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México, la cual señala “Con respecto al comportamiento del consumo privado, indicadores oportunos sugieren que su ritmo de expansión a principios de 2017 posiblemente haya sido más moderado que el registrado al cierre de 2016. En particular, los ingresos de las empresas comerciales al por menor se han desacelerado, al tiempo que las ventas de vehículos ligeros en el mercado doméstico mostraron un cambio de tendencia desfavorable, si bien desde niveles elevados.”
 
Ante estos datos alguien pudiera decir que no importa si crecemos en base al mercado interno o por exportaciones, y que lo importante es que aumente el PIB. Pero la realidad es que el impacto de un crecimiento vía exportaciones no es igual a uno vía consumo interno. Es bien sabido que muchas de las empresas exportadoras son transnacionales y no tienen el encadenamiento productivo con las micro, pequeñas y medianas empresas mexicanas, por lo que los beneficios de su aumento de producción para exportación no llega a la mayoría de las empresas. Contrariamente, cuando el crecimiento es vía consumo nacional, eso es más democrático y beneficia a todas las empresas porque en general la gente estaría gastando más.
 
¿Entonces qué debemos hacer para evitar que el mercado interno se nos apague? Sin duda no es sencillo dado el contexto de elevada inflación y alza en las tasas de interés. Sin embargo, todas las acciones encaminadas a que la gente consuma productos hechos en México serán de ayuda.  De igual forma, todos los incentivos que se puedan dar para la creación de más y mejores empleos también serán muy positivos.
 
Adicional a esto, en el tema del combate a la ilegalidad hay mucho que hacer y que se puede traducir en más y mejores empleos. Hemos señalado que para un negocio formal y que tiene a todos sus trabajadores registrados ante el IMSS es muy difícil competir contra otros negocios que no pagan impuestos correctamente y que no tienen a sus empleados con las debidas prestaciones sociales. Si se pone el piso parejo para todos, veremos la creación de más y mejores empleos también.
 
La iniciativa privada, a través de las cúpulas empresariales, han manifestado diversas medidas en este sentido. Valdría la pena que sean desempolvadas una vez que concluyó el periodo vacacional y pongamos manos a la obra para evitar caer en el “eterno” problema de no tener un mercado interno fuerte.
 
Director General GAEAP*
En twitter: @alejandrogomezt 

La industria manufacturera bien, pero polarizada

La industria manufacturera nacional, en su conjunto, ha tenido un muy buen arranque de año. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) del INEGI, en el primer bimestre de 2017 el valor de las ventas de esta industria sumó 1.115 billones de pesos, cifra nominalmente 16.4% más elevada a la observada en el mismo bimestre de 2016.
 
Ahora, de este total a continuación se presenta cual es la participación relativa de cada rama de actividad manufacturera (en paréntesis se muestra su porcentaje de participación): Fabricación de equipo de transporte (32.06%); Industria alimentaria (16.31%); Industria química (10.81%); Industrias metálicas básicas (7.82%); Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (5.52%); Industria de las bebidas y del tabaco (5.30%); Industria del plástico y del hule (3.56%); Fabricación de productos metálicos (3.40%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (3.29%); Industria del papel (2.78%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (2.71%); Fabricación de maquinaria y equipo (2.02%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (0.93%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (0.79%); Fabricación de prendas de vestir (0.62%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (0.54%); Otras industrias manufactureras (0.48%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (0.33%); Impresión e industrias conexas (0.32%); Industria de la madera (0.21%), y Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (0.19%).
 
Estos datos resultan interesantes, ya que podemos ver que tres ramas manufactureras (equipo de transporte, la industria alimentaria y la industria química) representan casi el 60% de todo el valor de las ventas de la industria manufacturera en México. Sin embargo, esto no debe ser motivo para “hacer menos” a las demás, ya que la contribución al empleo de cada una de ellas es muy importante, tal como se aprecia a continuación.
 
Al mes de febrero de 2017, la EMIM reporta 3.644 millones de personas trabajando en la industria manufacturera en México; y de este tota a continuación se presenta como es que se distribuye el empleo en cada rama de actividad manufacturera (en paréntesis se muestra su participación relativa):  Fabricación de equipo de transporte (23.2%); Industria alimentaria (18.3%); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (7.7%); Fabricación de productos metálicos (6.7%); Industria del plástico y del hule (5.5%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (5.0%): Otras industrias manufactureras (4.8%); Industria química (4.1%); Fabricación de prendas de vestir (3.9%); Industria de las bebidas y del tabaco (3.4%); Fabricación de maquinaria y equipo (3.2%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (2.7%); Industrias metálicas básicas (2.4%); Industria del papel (2.0%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (1.7%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (1.6%);  Fabricación de muebles, colchones y persianas (1.4%); Impresión e industrias conexas (0.8%);  Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (0.7%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (0.6%); e Industria de la madera (0.4%).
 
De esta manera, vemos que tres ramas de actividad manufacturera (equipo de transporte, la industria alimentaria y la fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos) concentran casi el 50% del empleo manufacturero en México. Sin embargo, se debe destacar que hay  industrias como la del “Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos” que si bien representan apenas el 0.54% del valor de las ventas de la industria manufacturera, contribuye con el 1.7% del empleo manufacturero en el país.  
 
Para que las anteriores cifras tengan mayor sentido, procedemos ahora a calcular el valor de las ventas del primer bimestre de 2017 entre el número de personas ocupadas en cada rama de actividad manufacturera y vemos que para la industria manufacturera en su conjunto este cociente fue de 306.08 miles de pesos por persona. Sin embargo, se aprecia una enorme diferencia cuando lo calculamos a nivel de rama de actividad, tal como se muestra a continuación:
 
Para el resto de las ramas de actividad los datos arrojan lo siguiente (en paréntesis se muestran miles de pesos de ventas por persona): Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (2,356.90); Industrias metálicas básicas (1,015.09); Industria química (798.50); Industria de las bebidas y del tabaco (471.33); Industria del papel (430.19); Fabricación de equipo de transporte (423.63); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (374.45); Industria alimentaria (272.60); Industria del plástico y del hule (198.90); Fabricación de maquinaria y equipo (195.50); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (164.32); Industria de la madera (162.45); Fabricación de productos metálicos (154.95); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (153.03); Impresión e industrias conexas (122.49); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (106.09); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (96.09); Fabricación de muebles, colchones y persianas (71.57); Fabricación de prendas de vestir  (48.82); Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (37.29); y Otras industrias manufactureras (30.93).
 
Así pues, vemos que las ramas de actividad más “productivas” en términos de valor de las ventas por persona ocupada son las de fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón, las industrias metálicas básicas y la industria química; mientras que la fabricación de equipo de transporte ocupa la sexta posición. Por su parte, vemos también que la diferencia entre la rama manufacturera de mayor nivel de ventas por persona y la de menor monto de ventas por persona es de 63 a 1, lo cual indica que algo no funciona bien y que se deben generar políticas públicas para ir disminuyendo la polarización manufacturera en México.
 
Se debe agregar que lo ideal es que este cociente de valor de las ventas por persona ocupada vaya en aumento año con año, y vemos que para la industria manufacturera en su conjunto, éste creció 12.3% en el comparativo del primer bimestre de 2017 respecto al mismo bimestre de 2016. Sin embargo, a nivel de rama de actividad vemos lo siguiente (en paréntesis se muestra la tasa de aumento o disminución): Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (35.0%); Industrias metálicas básicas (21.9%); Industria química (21.4%); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos (16.2%); Fabricación de productos metálicos (13.9%); Impresión e industrias conexas (13.1%); Fabricación de equipo de transporte (12.5%); Fabricación de prendas de vestir (10.8%); Industria de la madera (10.6%);  Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (10.4%);  Fabricación de muebles, colchones y persianas (9.8%); Industria alimentaria (8.4%); Industria del plástico y del hule (7.7%); Industria de las bebidas y del tabaco (6.3%); Fabricación de maquinaria y equipo (6.1%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (5.9%); Industria del papel (5.3%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (4.3%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (4.1%); Otras industrias manufactureras (-2.9%); y Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-8.7%).
 
Nuevamente los datos nos muestran una enorme polarización en el desempeño de la industria manufacturera mexicana. En base a lo anterior, el gobierno federal debería hacer un diagnóstico más a detalle para encontrar las causas que hacen que 6 ramas de actividad manufacturera hayan crecido en el valor de sus ventas por persona ocupada a una tasa nominal inferior al 6%, es decir, que no tuvieron un incremento en términos reales en el último año. Estas 6 ramas de actividad no son poca cosa ya que generan más de 666 mil empleos, lo que equivale al 18.3% del total del empleo manufacturero en México en febrero de 2017.
 
A manera de conclusión podemos señalar que es altamente positivo que la industria manufacturera en México esté tendiendo un muy buen arranque de año; sin embargo, para que los beneficios de este crecimiento lleguen a más sectores de la población, se deberían establecer incentivos para la tecnificación y capacitación en los sectores manufactureros que muestran los mayores rezagos en productividad. Sería importante entonces realizar los diagnósticos necesarios y elaborar las propuestas de políticas públicas que se traduzcan en una industria más competitiva que inclusive pague mejores salarios.
 
Director General GAEAP*
En Twitter: @alejandrogomezt
 

El problema del déficit del empleo en México

Uno de los principales retos que tiene México en materia económica consiste en crear la suficiente cantidad de empleos formales y bien remunerados, de manera que todas las personas que se incorporan cada año a la fuerza laboral puedan encontrar uno, además de poder avanzar en el abatimiento del rezago que tenemos en esta materia.
 
De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), al cuarto trimestre de en México había una Población Económicamente Activa (PEA) de 54.034 millones de personas, de las cuales 52.123 millones se encontraban ocupadas (laborando al menos una hora a la semana) y 1.911 millones estaban desocupados, pero activamente buscando empleo.
 
Del total de personas ocupadas, 398.580 mil se encontraban en condición de subocupación y buscando trabajo adicional, por lo que podemos señalar que el rezago en valores absolutos en materia de empleo al cierre del año pasado era de poco más de 2.3 millones de empleos.  
 
Otra característica del empleo en México es que del total de ocupados en el cuarto trimestre de 2016, aproximadamente 32.448 millones no tienen acceso a las instituciones de salud, lo que es indicativo del nivel de informalidad en el empleo en nuestro país. Tomando como base el indicador del acceso a la salud, tenemos que la informalidad en México representa el 62.25% del empleo total.
 
Con esto en mente, pasamos ahora a analizar los datos de la evolución del empleo registrado ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y vemos que en el periodo de diciembre del año 2005 al mismo mes de 2016, éste creció en sólo 5.555 millones de personas, al haber pasado de 13.061 millones a 18.616 millones. A este respecto se debe agregar que no todo este aumento del empleo implica nuevos puestos de trabajo, sino que mucho del incremento en el indicador es producto de los actos de visita que realiza el IMSS en las empresas con el fin de revisar si todos los trabajadores de las empresas están debidamente registrados ante el instituto.
 
El ritmo de crecimiento del empleo formal registrado en el IMSS es muy bajo, ya que en el periodo del año 2005 al 2016 éste aumentó a razón de 505.005 empleos por año. Como referencia tenemos que de acuerdo al INEGI, entre el cuarto trimestre de 2005 y el mismo trimestre de 2016,  la PEA aumentó de 42.863 millones a 52.123 millones, lo que representa un incremento de 9.259 millones de personas en el periodo, o 841,815 personas por año.
 
De esta manera, queda evidenciado un déficit de creación de empleos formales por año, en el periodo de 2005 a 2016, de casi 337 mil empleos cada año, y eso sólo para haberle seguido el ritmo de crecimiento de la PEA de ese periodo. El déficit de empleo formal histórico es mucho más alto y se puede dimensionar analizando que al cierre del año pasado, había 18.616 millones de trabajadores asegurados, que representan solamente el 35.7% de la población ocupada total.
 
Podríamos seguir presentando estadísticas en materia de rezago laboral; pero al final de cuentas lo que evidencian estos datos es la falta persistente ausencia de políticas públicas tendientes a crear las condiciones propicias para que los empresarios puedan crear la cantidad suficiente de empleos bien remunerados y formales.
 
¿Qué ha hecho el gobierno federal para incidir en el ritmo de creación de empleos? Ejemplos de las fallas en las políticas públicas los podemos encontrar en diversos lados, pero una de las más importantes ha sido el aperturismo comercial indiscriminado sin que éste se haya dado acompañado de las correspondientes políticas de fomento a la competitividad de las empresas.
 
México ha firmado 12 tratados de libre comercio con 46 países, lo que implicó abrir nuestro mercado, pero no poder conquistar los de otras latitudes. Aunado a lo anterior, en diciembre de 2008 nuestro país decretó unilateralmente una sensible baja de aranceles a la importación para todos los países miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC), entre ellos China, de manera que el arancel máximo para la enorme mayoría de productos manufactureros quedó en 20%, siendo que el máximo permitido por la OMC para la mayoría de los productos es del 35%.
 
Esto no habría sido un problema si se hubieran implementado las reformas y cambios legales para volver a la industria nacional más competitiva. Pero nos echaron a competir con otros países, siendo que nosotros teníamos (y seguimos teniendo) costos de los combustibles y la electricidad más caros, tenemos costos financieros mucho más elevados, hace falta mayor infraestructura, el nivel educativo promedio de la población mayor de 15 años es de apenas 9.1 años, entre otros rezagos. Todo esto tiene como resultado que en el año 2016  ocupamos la posición 57 en el Índice de Competitividad Global (siendo que China está en la posición 28).
 
Esta falta de competitividad, siendo una de las naciones más abiertas del mundo en el aspecto comercial, es la que hace que en el año 2016 hayamos tenido un déficit en nuestra balanza comercial de la industria manufacturera sin incluir a los productos automotrices de 69.751 miles de millones de dólares (mmdd). Si tomamos en cuenta la exportación e importación de productos automotrices entonces nuestro déficit en la balanza comercial de la industria manufacturera es de 6.853 mmdd. Todo esto nos debe llevar a preguntarnos ¿Qué sería de México sin la industria automotriz?
 
En la entrega pasada señalábamos que la inversión requerida para crear un empleo en el sector manufacturero intensivo en mano de obra es de aproximadamente 10,000 dólares. Esto significa que si lográramos abatir el déficit comercial manufacturero que tienen las industrias excluyendo al sector automotriz, a través de un esquema de sustitución de importaciones o exportando más, podríamos crear en México casi 7 millones de empleos.
 
Por su parte, otra causa de la escasa creación de empleos formales en México es precisamente lo extendido que está el problema de la informalidad en todos los rubros de la vida económica. Lo que sucede es que para una empresa formal resulta muy difícil competir contra las informales, ya que éstas últimas tienen precios y costos de producción más bajos al no tener a sus empleados registrados en el IMSS e Infonavit, no pagar debidamente sus impuestos (si es que pagan algo), entre otros.
 
De esta manera, esta competencia desleal e ilegal, resulta un freno para el crecimiento de las empresas formales, muchas de las cuales en ocasiones se ven tentadas a también tener ciertas operaciones en la informalidad con el fin de ser competitivos. Es así que la informalidad e ilegalidad se convierten en un cáncer que perjudica a toda la economía y si no se controla, vuelve los negocios formales en informales.
 
Más allá de aspectos de corrupción para hacer negocios y los aspectos que he denunciado en múltiples ocasiones de problemas en las aduanas mexicanas, por las que pasan todos los días miles de productos en condiciones de subvaluación; otro aspecto que explica el bajo ritmo de creación de empleos formales es el escaso ritmo de crecimiento económico. La tasa de incremento del PIB mexicano en el periodo de 2005 a 2016 es de 2.6% y en las manufacturas fue de 2.3%. A este respecto muchos analistas señalan que México debería crecer a tasas del 5% en promedio de manera sostenida para poder abatir el desempleo, subempleo e informalidad, y la última vez que crecimos a una tasa arriba del 5% fue en el año 2010, cuando la economía se expandió 5.1%.  
 
A manera de conclusión podemos señalar que es urgente un cambio en las políticas económicas, de manera que se den más incentivos a la creación de empleos formales. Para ello es fundamental que los funcionarios del más alto nivel de dependencias públicas como la Secretaría de Economía provengan del sector empresarial de manera que entiendan la problemática que enfrenta el empresario en sus operaciones cotidianas, y puedan eliminar los obstáculos para el desarrollo.  Lamentablemente ahora en día se puede percibir que a muchos funcionarios de alto nivel, y que toman decisiones importantes que inciden en las empresas, les falta la sensibilidad correspondiente.
 
Director General GAEAP*
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El problema de Estados Unidos no es México, es China

Diversos políticos de Estados Unidos han acusado a México de ser el culpable de muchos de sus problemas económicos, entre ellos, el de su proceso de desindustrialización. El presidente Donald Trump ha dicho de diferentes maneras que el enorme déficit comercial que registra nuestro vecino del norte con nosotros les ha ocasionado la pérdida de miles de empleos allá, sobre todo en su sector manufacturero.
 
¿Pero realmente es México el mayor problema comercial de Estados Unidos? De acuerdo con cifras del United States Census Bureau, en enero de 2017, los Estados Unidos registraron un déficit en su balanza comercial de -68.838 miles de millones de dólares (mmdd), y de este total, el déficit con México fue de apenas -3.947 mmdd. Esto significa que en el primer mes de este año, México fue responsable de apenas el 5.73% del déficit comercial de Estados Unidos.
 
Ahora, respecto a China, el déficit comercial de Estados Unidos con esta nación en el primer mes de 2017 fue de -31.304 mmdd. Esto implica que este país asiático le ocasionó a Estados Unidos el 45.5% de su déficit comercial en el primer mes de 2017, y de esta manera vemos que el déficit comercial de Estados Unidos con China resulta ser casi 8 veces más grande que el que se tuvo con México al arranque de este año.   
 
Analizando las cifras de 2016, vemos que Estados Unidos registró un déficit en su balanza comercial de -734.331 mmdd, y de este total el déficit con México fue de -63.191 mmdd, producto de exportaciones de México a Estados Unidos por 294.151 mmdd y ventas de ellos a nosotros por 230.959 mmdd. De esta manera, vemos que en el 2016 México fue responsable de apenas el 8.6% del déficit de la balanza comercial de nuestro vecino del norte.
 
Respecto a la relación comercial de Estados Unidos con China, vemos que en 2016 la economía más grande del mundo registró un déficit comercial de -347.037 mmdd, cifra 5.5 veces más alta que el déficit que tuvieron con México. De esta forma vemos que el año pasado China fue responsable del 47.25% del déficit comercial de Estados Unidos.,
 
Aunado a lo anterior, es importante considerar que de acuerdo a diversos analistas, las exportaciones de productos finales y bienes intermedios de México a los Estados Unidos contienen aproximadamente un 40% de insumos estadounidenses, mientras que las exportaciones de China hacía nuestro vecino del norte contienen apenas un 4%, lo que evidencia la relevancia de las cadenas de valor que se han desarrollado gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
 
Dadas estas cifras, las cuales seguramente conoce Donald Trump vale la pena preguntarse ¿Por qué hay tanta saña contra México y comentarios más moderados respecto a la relación comercial con China? Una de las posibles razones es por la cantidad de reservas internacionales que cada país posee. Mientras que México tiene actualmente 174.661 mmdd, China reporta 3.01 billones de dólares, cifra 17 veces más grande que la cantidad de reservas internacionales que tiene México. Esto implica un enorme poder por parte de China para depreciar al dólar si tomaran la decisión  de cambiar sus dólares en reserva por alguna otra divisa, como el yen o el euro.
 
Es de esta manera que a México le ha tocado cargar injustamente con todo el peso de la culpa del desequilibrio comercial de Estados Unidos, el cual se debe en buena medida a su déficit fiscal, y que  ascendió en el año fiscal que terminó en septiembre de 2016 a 587 mmdd. ¿Por qué señalo esto? Porque el gasto público es un componente de la demanda agregada, y en la medida en que éste crece se incentiva el aumento del PIB, lo que a su vez ocasiona mayores importaciones. Sin embargo, esto es algo que los asesores del presidente Trump no ven y se limitan a pensar que Estados Unidos es “saqueado” por la mayoría de sus socios comerciales, en especial por parte de México.
 
Y pues al igual que los Estados Unidos incurren en un enorme déficit comercial con China, México también registra uno que es por demás preocupante. De acuerdo c cifras del INEGI, en 2016 el desequilibrio comercial de nuestro país con el gigante asiático sumó -64.113 mmdd, cantidad 1.5% inferior al registrado en 2015.
 
La eliminación o disminución de estos déficits comerciales que registran México y los Estados Unidos con China deberían ser la base de la renegociación del TLCAN, en el sentido de que se debería buscar una mayor integración en la zona a través de una sustitución de importaciones provenientes de China por producción mexicana, estadounidense y canadiense.
 
Una manera de lograr esto es endureciendo algunas de las reglas de origen que se deben cumplir para obtener la preferencia arancelaria que otorga el TLCAN. Por ejemplo, si se eleva la regla de origen del TLCAN para el sector automotriz del 62.5% actual a un 70%, esto detonaría mayores inversiones en la región en proveeduría, lo cual a su vez se traduciría en más empleos. Y de manera paralela, habría  menores déficits comerciales por parte de los Estados Unidos y México, en especial con naciones asiáticas.
 
A manera de conclusión podemos señalar que es fundamental que Estados Unidos entienda que México no es su enemigo comercial, sino un socio estratégico del cual se ha beneficiado. El problema de pérdida de empleos manufactureros de Estados Unidos no lo causó México, sino que es producto de la depredación de mercados llevada a cabo por China en aras de darle empleo a su población. De hecho la evidencia muestra que China es culpable de que varias de las cadenas productivas de Norteamérica no hayan tenido un mayor crecimiento y de que muchos de los pronósticos del desarrollo que tendría México no se cumplieran.
 
El impacto que tendría la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) el 11 de diciembre de 2001 fue algo que no se contempló en la negociación del TLCAN, pero es algo que si se debe considerar en la renegociación del este tratado comercial, la cual se llevará a cabo a finales de este año.
 
A Estados Unidos no le debería preocupar tanto su déficit comercial con México, ya que muchas de las importaciones que realiza de nuestro país son de productos hechos por empresas estadounidenses con operaciones en nuestro país. El gran obstáculo para el desarrollo de Norteamérica es China, no lo dejemos de lado y propongamos las medidas para ir resolviendo este problema.
 
Director General GAEAP*
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¿Se equivocó el Banxico?

El pasado jueves 9 de febrero, tal como lo anticipaban los mercados, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió volver a aumentar su tasa de interés objetivo en medio punto porcentual para llevarla a 6.25%, su nivel más alto desde abril de 2009.  Este anuncio se dio después de que el INEGI informará que la inflación anualizada en enero de este año fue de 4.72%, su nivel más alto desde 2012.
 
La razón oficial que dio el Banxico para el incremento en la tasa fue: “con el objeto de evitar contagios al proceso de formación de precios en la economía, anclar las expectativas de inflación y reforzar la contribución de la política monetaria al proceso de convergencia de la inflación a su meta”.
 
Con este ya se acumulan siete incrementos consecutivos en la tasa objetivo desde que el Banxico inició con su ciclo alcista. El primer aumento se dio en diciembre de 2015 y fue de 0.25 puntos porcentuales; luego en 2016 se dieron cinco aumentos, cada uno de medio punto porcentual, en febrero, junio, septiembre, noviembre y diciembre; y a esto le sumamos el de febrero de 2017 de otro medio porcentual, de manera que en 14 meses la tasa objetivo del Banxico pasó de 3.0% a 6.25 por ciento.  
 
La decisión de haber vuelto a subir la tasa el pasado jueves ha dividido la opinión de los analistas. Para muchos fue un acierto porque pudiera ayudar a frenar la caída del peso y de esa manera se frenan parte de las presiones inflacionarias ocasionadas por el aumento de precios de insumos para la producción importados. Sin embargo, para otros esta decisión fue equivocada ya que no importa qué tanto más suban la tasa de interés en México, porque la suerte del peso depende más de las declaraciones del presidente Donald Trump, las decisiones de política monetaria que tome el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), y de la evolución de los precios de los bienes y servicios administrados por el gobierno mexicano, como son la electricidad y los combustibles.
 
El tema de las tasas de interés es muy importante porque efectivamente hacen más atractivo invertir en México, lo que pudiera evitar la fuga de capitales; pero por otra parte, implica mayores costos financieros para las familias, empresas y gobiernos, lo que a su vez provoca menores recursos para el gasto de inversión y consumo, así como menor crecimiento económico.
 
Es importante recordar que en diciembre de 2015 la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE) a 28 días se ubicaba en torno al 3.35%, mientras que ahora se encuentra en 6.5850%, lo que representa un aumento de casi un 100% en el periodo señalado. Esta evolución es relevante porque la enorme mayoría de los créditos a tasa variable están referenciados precisamente a esta tasa.
 
De esta manera, hemos visto como la tasa de interés que cobran muchas tarjetas de crédito ha aumentado, y en algunos casos hasta en más de 6 puntos porcentuales, lo cual ocurre en perjuicio de las familias, ya que ahora tendrán que destinar más recursos para pagar sus créditos y tendrán menos dinero para adquirir otros bienes y servicios.
 
De igual manera, hemos visto como el crédito para las empresas se ha encarecido en los últimos meses, lo que limita las posibilidades de inversión de éstas y por lo tanto su crecimiento. En este contexto, no debería sorprendernos que en los primeros once meses de 2016 la inversión fija bruta total presentó un incremento mensual promedio de apenas 0.4%, siendo que en los primeros once meses de 2015 fue de 4.7%. Si analizamos el detalle de la información vemos que la inversión fija bruta en construcción presenta una caída de 0.1% en los primeros once meses de 2016, mientras que la destinada a maquinaria y equipo apenas creció 1.3% en el mismo periodo.
 
Es verdad que la inversión  depende de otros factores, tales como las expectativas de los empresarios y los ingresos esperados de los proyectos de inversión, pero no podemos ignorar que el alza en las tasas de interés ya ha comenzado a debilitar la evolución de este indicador, el cual es un termómetro respecto de la evolución futura de la economía.
 
Para el caso del gobierno federal el alza en las tasas de interés también es un problema. En diciembre de 2015 la tasa de los Cetes a 28 días promedió 3.14%, mientras que en enero de 2017 fue de 5.83%, lo que implica un alza de 85.7%. Por su parte, los Cetes a 364 días pasaron de 3.68% en diciembre de 2015 a 6.68% en enero de 2017, lo que representa un aumento de 81.5% en el costo financiero de estos instrumentos.
 
Este punto es fundamental también porque el Presupuesto de Egresos 2017 fue hecho en base a un supuesto de tasa de interés promedio de 4.9% y en base a esto la Secretaria de Hacienda y Crédito Público presupuestó un pago de intereses sobre la deuda pública de 568.198 miles de millones de pesos (mmdp). Dado lo anterior, y que el supuesto de tasa de interés del gobierno federal estuvo mal desde el principio (seguro sólo para cuadrar sus números aunque a la hora de la hora no se cumplan), es que se espera que el costo financiero para el sector público federal este año sea de aproximadamente unos 700 mmdp.
 
Esto provocará que el nivel de endeudamiento público de este año sea mayor del que se tiene “autorizado” de 768 mmdp, o bien que se tengan que realizar recortes adicionales al presupuesto de egresos del sector público federal.
 
A este respecto vale la pena hacer la reflexión de que cuando se presentaron los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) 2017, era evidente que la estimación de tasa de interés promedio para 2017 estaba mal (y esto es algo que advertí desde este espacio en un editorial titulado “Un Paquete Económico descuadrado” publicado el 21 de noviembre de 2016), y ahora no cabe duda de que el sector público federal tiene un problema y no cumplirá su meta de déficit fiscal y le agregaran este año otro billón de pesos al saldo de la deuda neta del sector público, la cual ya suma 9.693 billones de pesos al cierre de diciembre de 2016.
 
¿Pero se sanciona a alguien por no cumplir las metas presupuestales? La realidad es que no; y de hecho no debemos olvidar que el gasto público total del 2016 excedió lo autorizado por el Presupuesto de Egresos de ese año en 12%, cifra equivalente a 579.884 mmdp, recursos que fueron financiados con deuda pública y esa es parte de la razón por la que ésta creció en 1.2 billones de pesos el año pasado, a pesar de los “recortes” al gasto público que en su momento fueron anunciados con bombo y platillo como un acto de responsabilidad del gobierno federal.
 
A manera de conclusión podemos señalar que el alza en las tasas de interés mete a familias, empresas y gobierno en problemas por los mayores costos financieros que ocasiona, disminuyendo el consumo y la inversión. ¿Será efectiva esta medida para frenar la inflación? Lo más probable es que no sirva de mucho ya que mientras los combustibles y la electricidad sigan aumentando (por el problema fiscal del gobierno federal), aunque se estabilice el dólar seguiremos con una inflación por encima del 4.5%, y  con el problema adicional de un menor crecimiento económico causado por la astringencia monetaria del Banxico.
 
Ante diversas críticas Carstens ya dijo que han sido “cautelosos” con el alza en tasas, pero todo indica que no ha sido así, y que no les importa frenar el ritmo de crecimiento económico y de creación de empleos, con tal de demostrar que están haciendo su trabajo, aunque los resultados deseados no se alcancen.   
 
Director General GAEAP*
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Si no aumenta la productividad, no mejorarán los empleos

No obstante que el Producto Interno Bruto (PIB) de México ha crecido a una tasa promedio de 2.1% en lo que va del actual sexenio federal, esto no ha servido para mejorar los niveles de ingreso promedio de la población ocupada, sino por el contrario, éstos se han deteriorado de manera significativa, tal como se puede apreciar con los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondiente al cuarto trimestre de 2016, y publicada el pasado 14 de febrero.
 
De acuerdo con la ENOE, en el comparativo del cuarto trimestre de 2016 respecto al mismo trimestre de 2012, la población ocupada total en México aumentó de 48.822 a 52.123 millones de personas, lo que implicó 3.301 millones de personas más, equivalente a 6.76% de crecimiento en los cuatro años, o bien, un incremento promedio de 1.6% por año.
 
De manera paralela, en el periodo de diciembre de 2012 al mismo mes de 2016 el número de trabajadores registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) pasó de 16.062 millones a 18.699 millones, lo que representa un incremento de 2.637 millones, equivalente a 16.4 por ciento. Esto significa de manera general que el crecimiento en el empleo formal en el periodo fue equivalente al 80% del incremento de la población  ocupada en nuestro país.
 
Es así que los trabajadores registrados en el IMSS pasaron de representar el 32.9% de la población ocupada total en diciembre de 2012 a 35.9% en el mismo mes de 2016, datos indicativos de que se ha avanzado ligeramente en cuanto a disminuir la informalidad en el país. Sin embargo, no obstante esta mejoría marginal en la calidad del empleo promedio, el nivel de ingresos de la población ocupada ha venido deteriorándose, tal como veremos a continuación:
 
De acuerdo con datos de la ENOE, en el comparativo del cuarto trimestre de 2016 respecto al mismo trimestre de 2012, la población que gana hasta menos de un salario mínimo creció 16.9% al pasar de 6.368 a 7.447 millones, lo que implica 1.078 millones de personas adicionales trabajando en esta desafortunada condición.  Por su parte, en el mismo periodo, la población ocupada que gana entre 1 y 2 salarios mínimos creció 20.7% al pasar de 11.244 a 13.576 millones de personas, lo que equivale a 2.332 millones de personas adicionales en este nivel de ingreso.
 
Ahora, en cuanto a la población  ocupada que gana entre 2 y 3 salarios mínimos, ésta creció apenas 4.7% al pasar de 10.730 a 11.238 millones de personas, lo que equivale a 508 mil personas adicionales con este nivel de ingreso.
 
Lamentablemente, la población  ocupada en México que más gana es la que ha venido decreciendo  en proporción y en valores absolutos. En el periodo de referencia, tenemos que los que ganan de 3 a 5 salarios mínimos disminuyeron 7.1% al pasar de 7.408 a 6.881 millones de personas, lo que representa 526 mil personas menos en cuatro años. De igual manera, los que ganan más de 5 salarios mínimos disminuyeron 19.4% al pasar de 3.923 a 3.163 millones, equivalente a una reducción de 760 mil personas.
 
De esta manera, y de acuerdo a estimaciones propias, el ingreso promedio diario por persona ocupada pasó de 2.43 salarios mínimos en el cuarto trimestre de 2012 a 2.28 salarios mínimos en el cuarto trimestre de 2016.
 
Si tomamos en consideración que el salario mínimo en el cuarto trimestre de 2012 era de 62.33 pesos, mientras que en el cuarto trimestre de 2016 fue de 73.04 pesos, esto significa que el ingreso promedio de la población ocupada en México pasó de 151.66 pesos a 166.75 pesos diarios, lo que implica un incremento nominal de 9.9%. Sin embargo, si tomamos en consideración que la inflación entre diciembre de 2012 y el mismo mes de 2016 fue de 14.2%, pues vemos que en términos reales la población ocupada promedio en México ganaba en el cuarto trimestre de 2016 un 3.8% menos respecto a hace cuatro años.  
 
¿Dados estos datos porque el gobierno federal nos dice que uno de los motores de crecimiento económico ha sido el buen desempeño del mercado interno? Pues porque a pesar de que la gente ahora gana menos que antes en términos reales, el hecho de que la población ocupada haya aumentado de 48.822 a 52.123 millones de personas, implica que hay una mayor masa salarial disponible, la cual de hecho creció en aproximadamente 2.7% real en el periodo del cuarto trimestre de 2012 y el mismo trimestre de 2016.
 
Ahora, en cuanto a la evolución de la población ocupada por rama de actividad en el periodo del cuarto trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2016, tenemos que en la agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca ésta creció en 35,041; en la industria extractiva y de la electricidad disminuyó 55,179; en la industria manufacturera creció en 998,158; en la construcción se elevó en 774,206, en el comercio creció en 368,041; en restaurantes y servicios de alojamiento subió en 516,420; en transportes, comunicaciones, correo y almacenamiento subió en 278,490; en los servicios profesionales, financieros y corporativos       creció en 310,238; en los servicios sociales subió en 85,862; en servicios diversos aumentó en 197,494; mientras que en el gobierno y organismos internacionales disminuyó en 175,259 personas.
 
El hecho de que sólo el 29.9% del aumento en la población ocupada se haya dado en la industria manufacturera y que el 9.3% se haya dado en los servicios profesionales, financieros y corporativos, pudiera ser la razón por la cual ocurrió la disminución de los ingresos promedio de la población ocupada, ya que es bien sabido que los ingresos en la construcción, comercio, restaurantes y hoteles son más bajos que el promedio.
 
Otro aspecto que también pudiera explicar la disminución de los ingresos promedio de la población ocupada en México en el periodo del cuarto trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2016, es que 1.613 millones de los nuevos puestos de trabajo se dieron en empresas micro, 370 mil en pequeñas, 420 mil en medianas y solo 489 mil en empresas grandes.
 
Es bien sabido también que los sueldos y salarios que se pagan en las empresas micro, sobre todo aquellas que están en la economía informal, tienden a ser más bajos que los que se pagan en empresas de mayor tamaño; y en este sentido es relevante que en el cuarto trimestre de 2016 haya habido 20.648 millones de personas trabajando en empresas micro, lo que representa el 53.7% del total de los empleos generados por las empresas.
 
A manera de conclusión podemos señalar que para tener un mercado interno verdaderamente fuerte, que nos ayude a depender menos de las exportaciones como motor de crecimiento, es fundamental que los niveles salariales de la población aumenten. Para lograr esto sin ocasionar problemas inflacionarios es fundamental que haya aumentos en la productividad de los trabajadores, lo cual sólo puede darse mediante la capacitación de éstos o dotándolos de más y mejores bienes de capital (herramienta, maquinaria, equipo, entre otros).
 
Es por ello que reciente anuncio en el que se informó que se permite la deducción inmediata y al 100% de las compras de capital por parte de las empresas que tienen ingresos de hasta 100 millones de pesos fue algo muy positivo; sin embargo, el no permitir al 100% la deducibilidad de las prestaciones laborales (entre ellas la capacitación) se convierte en un obstáculo para el incremento de la productividad.
 
Los tres órdenes de gobierno, así como los dueños de las empresas, deben tener como la máxima prioridad el que se logren aumentos sostenidos de la productividad de los trabajadores. Esperemos en este sentido que a lo largo de este complicado año escuchemos más anuncios con medidas tendientes a este fin, sobre todo en beneficio de las microempresas, las cuales son las mayores creadoras de empleos en México.
 
Director General GAEAP*
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En manos del gobierno la economía está perdida

El pasado jueves 5 de enero, el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, en un mensaje a la nación trató de explicar las razones del “gasolinazo” que entró en vigor a partir del primer día de este año. Dijo, entre otras cosas que de no haber aumentado el precio de la gasolina se habría necesitado recortar programas sociales y de salud, ya que el “subsidio” a los combustibles este año tendría un costo para el erario de 200 mil millones de pesos de haberse mantenido.
 
Sería ocioso en este espacio repetir como nos pintó un panorama muy negro sobre los recortes que habría en programas de combate a la pobreza, en el Seguro Popular, Seguro Social, entre otros. Y nos preguntó “¿Qué hubieran hecho ustedes?”.
 
La realidad es que llegamos a esta crítica situación en las finanzas públicas debido a un pésimo manejo de las mismas. Entre diciembre de 2012 y noviembre de 2016 la deuda neta del sector público pasó de   5.352 a 9.306 billones de pesos, lo que representa un aumento de 3.954 billones de pesos; es decir,  un incremento nominal de 73.87%, lo que equivale a un incremento diario de 2.765 miles de millones de pesos por día.
 
Paralelamente, los ingresos presupuestarios totales del gobierno pasaron de 3.210 billones en el periodo de enero a noviembre de 2012 a 4.209 billones de pesos en los mismos meses de 2016, lo que representa un aumento nominal de 31.12%.  Por su parte, los ingresos tributarios pasaron de 1.198 billones de pesos en los primeros once meses de 2012 a 2.457 billones de pesos en los mismos meses de 2016, lo que implica un incremento de 105.1 por ciento.
 
De esta manera, queda más que claro que esta administración del gobierno federal es la que más recursos ha tenido en la historia, es la que más impuestos ha cobrado y paralelamente es la que más ha endeudado al país. ¿Y a cambio de qué? ¿En qué se fue todo ese dinero? Queda claro que no fue en cosas productivas y que un gigantesco porcentaje se fue en gasto corriente.
 
Resulta evidente también que el planteamiento de un “subsidio” a los combustibles por 200 mil millones de pesos, representa apenas el 5.05% de la deuda que ha contratado el sector público federal en lo que va del presente sexenio. Por lo que es obvio que el gobierno federal estiró tanto su capacidad de endeudamiento que ya le resulta imposible financiar más los “subsidios” a los combustibles.
 
Quiero señalar que escribo “subsidio” entre comillas, ya que en realidad no es un subsidio. Es decir, el gobierno federal nos habla de un subsidio, cuando en realidad sabemos que lo que el gobierno recauda por IEPS a la gasolina y al diésel es mayor a lo que dice que dejo de subsidiar. En otras palabras, tenemos que la recaudación por el IEPS a los combustibles en los primeros once meses de 2016 fue de 263.545 miles de millones de pesos, y en el 2017 se espera que sea de unos 300 mil millones de pesos. El gobierno federal debe aprender a expresarse con propiedad porque un subsidio es que te vendan algo por debajo de su precio de mercado, y en el caso de México lo que el gobierno “subsidiaba” era solo una parte de los impuestos que recauda. En pocas palabras, con todo y “subsidio” al gobierno le genera un remanente vendernos gasolina cara.
 
Otro aspecto que se debe destacar del mensaje de Peña Nieto del 5 de enero es que nos dijo que el aumento en los precios de las gasolinas se debe a que han aumentado los precios del petróleo a nivel internacional en cerca de un 60%. A este respecto se debe señalar que de acuerdo con el sitio de internet, gasbuddy.com, el precio promedio al menudeo de la gasolina en Estados Unidos pasó de 1.99 dólares por galón el 8 de enero de 2016 a 2.38 dólares por galón el 8 de enero de 2017, lo que al tipo de cambio vigente significa que el litro de gasolina en Estados Unidos pasó de 9.90 pesos a 14.08 pesos.  En el caso de México hemos visto como el precio de la gasolina Premium pasó de 13.98 pesos en enero de 2016 a 17.79 pesos en enero de 2017, lo que representa un aumento de 27.75%; sin embargo, siempre el precio de la gasolina en México ha estado por encima del precio en los Estados Unidos, lo que indica que aquí hay un tema de cobro de IEPS, al cual el gobierno no quiere renunciar por el caos de finanzas públicas que ha generado.
 
Habiendo hecho las anteriores aclaraciones y precisiones, ahora si es momento de responder la pregunta de ¿Qué hubieran hecho ustedes? Y a continuación señalo algunos puntos que son elementales y que hemos estado mencionando desde esta columna en múltiples ocasiones.
 
Un primer aspecto es el combate a la importación de mercancías en condiciones de subvaluación. Tenemos que por impuestos a la importación se recaudaron en los primeros once meses de 2016 un total de 46.022 miles de millones de pesos. En el mismo periodo las importaciones totales de mercancías por parte de México sumaron 353.860 miles de millones de dólares, que al tipo de cambio correspondiente a cada mes, representa un total de 6.560 billones de pesos. Esto significa que lo que se obtiene de impuestos a la importación representa apenas el 0.70% del valor total de las importaciones. Cantidad francamente ridícula, sobre todo si tomamos en consideración que nuestras importaciones provenientes de Asia (excluyendo Japón, nación con la que tenemos un tratado de libre comercio) sumaron 98.655 miles de millones de dólares en los primeros diez meses de 2016, equivalentes a 1.813 billones de pesos al tipo de cambio vigente en cada mes.
 
Desde luego que debido al amplio y extendido problema de contrabando y subvaluación, el valor de las importaciones arriba reportado está infravalorado, y entonces si el gobierno federal se decidiera a combatir este enorme flagelo que daña a la industria nacional se podrían obtener por impuestos a la importación al menos 100 mil millones de pesos adicionales de recaudación.
 
Otro aspecto que se puede atender para mejorar las finanzas públicas sin “gasolinazos” disfrazados de quitar subsidios, sería que se detenga el problema de robo de combustibles a Pemex. Como lo comentaba en la entrega de la semana pasada, se estima que este delito le ocasiona a Pemex un daño patrimonial de al menos 21 mil millones de pesos al año. Y si aunado a lo anterior, se pusiera freno a la corrupción que está extendida en prácticamente todas las operaciones y negocios de Pemex, pues las cuentas de la empresa productiva del estado mejorarían considerablemente.
 
Desde luego que otro aspecto a atender, tal como lo han señalado los líderes empresariales a nivel nacional, es el del freno al crecimiento desmedido del gasto corriente por parte del sector público. En el periodo de enero a noviembre de 2012 el sector público destinó a gasto corriente 2.092 billones de pesos y en los mismos meses de 2016 se fueron a este rubro 2.623 billones de pesos, lo que representa un incremento nominal de 25.4 por ciento. Esto parecería poca cosa, pero en términos monetarios implica que tomando como base el gasto corriente de 2012, el gasto corriente adicional en el periodo de 2013 a 2016 suma 1.453 billones de pesos.   
 
Queda claro pues, que con este ritmo de crecimiento de gasto visto en lo que va del sexenio, jamás habrá recursos que alcancen y el gobierno federal siempre estará buscando como cobrar más impuestos, pero sin que esto se traduzca en un mayor gasto de inversión o gasto productivo. La evidencia muestra que el sector público mexicano es un “barril sin fondo” y no tiene disciplina en sus finanzas.  
 
A manera de conclusión podemos señalar que si el gobierno federal fuera una empresa privada estaría quebrada y ya hubieran despedido a su director financiero. Dado todo lo anterior, no debería sorprendernos lo que está sucediendo. El “gasolinazo” no es más que la respuesta simple del gobierno a un gran problema financiero que dejaron crecer de manera irresponsable.  No se vale que nos digan ahora que la problemática que enfrentamos se debe al alza del precio del petróleo, cuando todavía hace un año nos decían que los problemas se debían a que su precio había bajado.
 
México enfrentará este año muchos retos importantes y el pueblo está cansado de tantos abusos y promesas incumplidas. Los problemas que nos ocasionará Donald Trump cuando llegue a la presidencia de Estados Unidos serán inmensos, sobre todo si se da la deportación masiva de mexicanos que se encuentran de manera ilegal en el vecino del norte. Por su parte, las alzas previstas en la inflación  y en la tasa de interés presionarán aún más las finanzas públicas, y erosionarán el mercado interno y el escaso crecimiento económico que teníamos acrecentando los problemas sociales.
 
Es momento pues de exigirle al gobierno que actúe de manera responsable y deje de echarle la culpa a los acontecimientos externos, como si fueran los únicos responsables de lo que nos sucede. Deben admitir que se han equivocado en perjuicio de los mexicanos, y deben enmendar el rumbo en lo que queda del sexenio, pero deben hacerlo sacrificándose ellos, no golpeando más los bolsillos de los mexicanos.
 
Director General GAEAP*
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El peor momento para PEMEX

pemexLa empresa productiva del estado, PEMEX, tuvo en el 2016 uno de los peores años de su historia. Por un lado, tenemos que durante los primeros once meses de dicho año, su producción de petróleo crudo fue de 2.164 millones de barriles diarios en promedio, lo que significó una caída del 4% respecto al cierre del 2015. Por otra parte, la producción de gasolina tocó niveles históricos a la baja, ya que de enero a noviembre de 2016 se produjeron 332.9 miles de barriles diarios, lo que representa una caída de 12.7% respecto del mismo periodo del año 2015, cuando se produjeron 381.4 miles de barriles.
 
En el ámbito financiero las cosas están peor aún para PEMEX, ya que sus “pérdidas” acumuladas han hecho que su deuda llegue a casi los 100 mil millones de dólares, una cantidad claramente impagable que le ha valido que diversas agencias calificadoras pusieran su deuda con perspectiva negativa. Y para acabar de complicarle las cosas, la empresa ha reconocido que cada 24 horas el crimen organizado extrae ilegalmente unos 23.5 miles de barriles de hidrocarburos, lo que representa una pérdida anual de unos 21 mil millones de pesos.
 
En este contexto, y con el pretexto de que las gasolinas en México tengan “precios de mercado” para dejar de subsidiarlas, es que a partir del 1 de enero de 2017, los precios de los combustibles en México aumentaron de manera considerable. La gasolina Magna subió 14.2%, la Premium aumentó 20.1%, mientras que el diésel subió 16.5%, respecto al precio máximo observado en diciembre de 2016.
 
No cabe duda que estos ajustes en los precios de los combustibles tendrán un impacto importante en la inflación (y eventualmente en las tasas de interés), la cual se espera que llegue hasta un 5% hacía marzo o abril de este año. Con esto, quedará pulverizado el impacto positivo en el mercado interno que pudo haber tenido el reciente incremento al salario mínimo de 3.9%, así como de la mayoría de los aumentos de sueldos en el país.
 
Es importante también mencionar que el alza en los precios de las gasolinas se da después de un terrible cierre de año en materia de abastecimiento de éstas en diversos estados del país.  Los habitantes de entidades como Guanajuato, San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Jalisco, entre otros, sintieron lo que es no tener gasolina, no podían entender cómo es que esto pasa en un país “petrolero”, y lo más importante, demostraron que están dispuestos a pagar mucho más por la gasolina, pero con tal de que haya.
 
Dado todo lo anterior, Pemex ha estado en boca de muchos mexicanos a lo largo de todo el año, pero sobre todo en estos últimos días, y es por ello que es necesario hacer algunas reflexiones.
 
Respecto a los nuevos precios de las gasolinas, se nos ha dicho que esto es importante para eliminar las pérdidas de PEMEX. Según datos oficiales, entre enero y noviembre de 2016 se importaron 484 mil  barriles de gasolina al día, en promedio, lo cual supera en 15% el volumen comprado del exterior durante el mismo periodo de 2015. De esta manera, las importaciones representaron el 59% de las ventas del combustible en el país en este lapso, más del doble del porcentaje registrado en 2006, de 28 por ciento.
 
Cabe señalar que al momento de escribir estas líneas el precio de un galón de gasolina al menudeo en el estado de Texas, Estados Unidos, es de 2.135 dólares (ha estado aumentando recientemente), lo que a un tipo de cambio de 20.75 pesos por dólar nos da entonces un precio de 12.30 pesos por litro.  En México el precio máximo para la gasolina Magna en 2016 fue de 13.98 pesos. Con estos precios, ¿Entonces de donde salieron las pérdidas de PEMEX por vender gasolina?   
 
Pues salieron porque el Gobierno Federal nos cobró en 2016 un IEPS de 3.51 pesos por cada litro de gasolina Magna y de 2.71 pesos por cada litro de gasolina Premium que consumimos. Queda claro entonces que el “subsidio” que nos da PEMEX se debe al elevado impuesto que tiene que pagarle al gobierno federal.  En otras palabras, el gasolinazo del 1 de enero de 2017 se debe a los impuestos que se le cobran a PEMEX, ya que se pretende recaudar por IEPS unos 280 mil millones de pesos en 2017, y por el alza del dólar.
 
Otro aspecto que es necesario mencionar es el de los robos a PEMEX. Como se señaló líneas arriba, el robo diario de combustibles es de 23.5 miles de barriles, lo que representa unos 3.736 millones de litros por día. ¿Cómo es que toda esta cantidad de combustible es comercializado? Es imposible que sea en simples bidones en rancherías. Desde luego que debe haber una amplia red de distribuidores y de compradores en las ciudades, los cuales actúan con total impunidad.   
 
Si bien es cierto que en el actual sexenio PEMEX ha interpuesto 14 mil 938 denuncias penales por los robos de combustibles, la realidad es que no hemos visto a muchos detenidos ingresando a las prisiones por estos ilícitos. Y mucho menos hemos visto que se sancione a gasolineras o empresas transportistas por vender o comprar gasolina y diésel robados.
 
Esto no tiene lógica ya que ninguna empresa privada permitiría que le roben más de 21 mil millones de pesos de su producción al año y se quede de brazos cruzados ante los nulos resultados por parte de las autoridades que no atrapan a los delincuentes. Sin duda estamos presenciando un importante caso de corrupción que daña al erario público y es en parte causante del incremento en el precio de la gasolina que acabamos de sufrir.
 
A manera de conclusión podemos señalar que queda claro que nuestros gobernantes son tan malos en lo que hacen que acabaron quebrando un monopolio que produce productos de primera necesidad. ¿Cómo es esto posible? Pues sin duda la extendida corrupción es el principal elemento; además de que el sindicato de PEMEX lleva varios años siendo un lastre para la modernización de la empresa petrolera.
 
Por su parte, dada la frágil situación de las finanzas públicas del gobierno federal se ve muy complicado que logre disminuirse el IEPS a los combustibles, por lo que la única forma de que puedan disminuir los precios de las gasolinas será si baja considerablemente el precio del dólar o bien si disminuye el precio del petróleo. Sin embargo, dados los problemas que se espera que nos cause Donald Trump este año, se ve difícil que el dólar disminuya por debajo de los 20 pesos.
 
Por su parte, la expectativa de un mayor crecimiento económico en Estados Unidos hará que el precio del petróleo se ubique en hasta unos 60 dólares por barril (en el escenario más optimista), lo cual hará que el precio internacional de la gasolina suba aún más. Esto hace prever que en 2017 sólo veremos aumentos en el precio de las gasolinas, tal vez PEMEX mejore sus finanzas y el gobierno tendrá más ingresos por la venta de los combustibles. Se puede prever entonces que todos ganarán, menos el pueblo mexicano.  
 
Director General GAEAP

“PERSPECTIVAS DEL CULTIVO DEL HULE EN MÉXICO”

Colaboración del Ing. César Aguirre Rios

Perspectivas del Cultivo del Hule en México

El entorno nacional e internacional de éste importante insumo para la industria hulera, en él se identifican los primeros elementos para diagnosticar y también la posibilidad de realizar inversiones en el cultivo del árbol del hule (Hevea brasiliensis).

Esta perspectiva fue elaborada considerando el entorno actual y la cercania profesional con productores, beneficiadores, investigadores, academicos e industriales del Sistema Producto Hule en México, así también revisamos el entorno internacional de este “commodity” que en los dos últimos años busca su refundación en el país de su origen MEXICO.

¿Por qué el cultivo del árbol del hule en México?

Hay una gran demanda de hule (100 mil ton/año) por una industria hulera nacional sólida con posibilidad de exportar hule natural a socios del TLC, se importa el
85% del hule natural.

La gran diversidad de productos de hule que lo hace una gran alternativa para el país, la aceptación y su demanda nacional lo convierte en prioritario.

Excelente ubicación geográfica de México con respecto a los grandes consumidores de América

¿Y en que se usa el Hule natural?

En más de 40 mil artículos

collage

–  Aproximadamente el 70% de la producción mundial del hule natural se destina como materia prima para la producción de neumáticos (Bridgestone consume
anualmente 3 millones de tons y Pirelli consume 1.2 millones tons anualmente)

–  Por otra parte, el 7% de la producción se destina a obtener látex concentrado (para guantes, gorros de baño, globos, condones, juguetes, hilos elásticos, gomas
de borrar, colchones y adhesivos)

–  Y el 23% para otros productos que se usan como material en laboratorios, medicina e industrias (mangueras, autopartes, esponjas, suelas, etc.)